Mostrando entradas con la etiqueta crianza consciente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crianza consciente. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de julio de 2016

La crisis de los nueve años




Durante los primeros siete u ocho años nuestros hijos han vivido con total y plena confianza hacia nosotros, imitando todo lo que ven y lo que hacemos, han desarrollado su pensamiento, sus sentimientos, su modo de moverse y de actuar a partir de los incentivos que le hemos entregado de manera consciente o no.
Ya cuando llegamos a los nueve años se terminaron los porqués, pasaron los miedos nocturnos y empezamos a sentirnos cómodos con nuestro estilo y habilidades de crianza y entonces como una tormenta que no se vio venir, nuestro dulce peque cambia por completo, ha llegado a una etapa de introspección, en la que intentará captar todo lo que le rodea para asimilarlo y redefinirlo por sí mismo.

martes, 26 de abril de 2016

Refuerzo positivo ¿Cuándo y Qué?

Mucho hablamos sobre la disciplina, los castigos y qué hacer cuando sentimos que nuestra autoridad o los límites que hemos establecido no están siendo respetados. Pero una parte importante de la disciplina positiva trata sobre aquellos momentos en los que no fijamos nuestra atención, esos pequeños y hermosos detalles diarios que por ser constantes no reparamos ni les entregamos el valor que merecen, hablo de que cada día mis hijos parecen estar en una batalla campal y a veces me siento en el medio de un campo de batalla de tribus enemigas,  pero la verdad es que eso es lo que ve mi estrés, mi cansancio y mi necesidad de hacer otras cosas en ese momento, porque lo cierto es que mis hijos se abrazan, se apoyan, se ayudan y se divierten jugando entre ellos, pero en esos momentos no llaman mi atención... Hoy te quiero invitar a hablar sobre como el fijar nuestra atención y la de ellos en sus buenas acciones nos va a ayudar a reforzarlas y lograremos alejar así esas conductas que muchas veces alteran el equilibrio de nuestra paz familiar.

lunes, 21 de diciembre de 2015

¿Por qué nuestros niños dicen Groserías?



No sé en qué momento nos empezamos a acostumbrar a escucharlas, a aceptarlas como parte de nuestra vida y darles entrada en los momentos cotidianos. Así de pronto y sin darnos cuenta, nos convertimos en una sociedad soez y desinhibida; vulgarmente moderna. Lo que hace unos años era impronunciable en el patio de la escuela entre nuestros amigos, ahora se convierte en el vocabulario familiar a la hora de la comida. Y si un pequeño dice alguna por primera vez, ¡nos causa risa! Y cómo no,  si es que todos somos "re-mal hablados".



Las palabrotas, groserías, garabatos y malas palabras, son actualmente y en muchos hogares, parte del lenguaje familiar. Los niños las escuchan decir por boca de los padres y en los casos en los que la familia no las usa, los pequeños entran en contacto con otros chicos que las dicen en la escuela, en el condominio o bien las escuchan en programas de televisión que pasan en horarios "familiares" o en películas que llegan a sus ojos... y a sus oídos.

viernes, 11 de diciembre de 2015

¿Qué es la Escucha Activa?



El primer paso que hay que dar en una crianza consciente para educar a nuestros hijos con respeto y de manera integra, así como también  para reconocer y desarrollar los distintos talentos o inteligencias de nuestros hijos es conseguir una comunicación efectiva con ellos. 
Les conoceremos y les descubriremos a través de la conversación y del diálogo.

A veces cuando los padres no conseguimos descubrir los deseos o las reales necesidades de nuestros hijos se debe a que no estamos prestando el tiempo suficiente a escuchar u observar que es lo que nuestro hijo efectivamente nos está pidiendo, por lo que intentamos compensar con interrogatorios que de ningún modo transmiten que hemos comprendido sus sentimientos, emociones o preocupaciones.

Cuántas veces no hemos escuchado la frase ¡es que mi hijo no me escucha! Y es que debemos tener claro que los niños aprenden por modelos de conducta y comportamiento, por tanto sería una buena idea preguntarnos si nosotros sabemos escucharles de forma efectiva.

La escucha activa es la única forma de conectar con el niño y de entrar en su mundo. 

- Nos permite comprender a los niños y acceder a esa personalidad que se está formando. 
- Nos ayuda a transmitir al niño, que le comprendemos y le respetamos. 
- Facilita que el niño se sienta con más confianza, al ser escuchado.


¿Qué es la escucha activa?

martes, 1 de diciembre de 2015

El amigo imaginario de mi hijo se llama piki...



Ayer mientras almorzabamos mi peque me sorprendió al invitar a la mesa a "Piki", por la tarde jugó con "Piki" a la pelota y con los autitos, construyó con bloques y pasó una tarde de lo más productiva.
Lo cierto es que mi hijo ya ha desarrollado una imaginación sana y muy prolífica, inventa nuevas canciones, cuenta chistes y hasta me ayuda con los cuentos...
¿Tu hijo tiene algún amigo imaginario?

Los amigos imaginarios son muy comunes en los primeros años y no debemos preocuparnos porque es normal y natural en la mayoría de los pequeños.
El niño habla, ríe y se expresa con su amigo imaginario, que puede ser un peluche, un juguete, un objeto, o incluso, un personaje inventado, absolutamente imaginado.

Qué tiene de bueno tener amigos imaginarios:

lunes, 30 de noviembre de 2015

Cómo cambiar el "No" por un "Si"





A lo largo de mis años siendo mamá me he dado de que los "No" no suelen gustarle a los niños, y eso es porque enfrentamos su decisión de hacer algo que para ellos tiene un interés especial (su curiosidad les hace querer hacer o tocar cosas sin pensar en las posibles consecuencias que a nosotros nos invaden al momento) y también me di cuenta de que después del "No" no tiene por qué venir otro "No" más enérgico, ni muchisimo menos un castigo, o un cachete, sino lo que se puede hacer y suele funcionar de mejor manera es decirle "Sí". Algo asi como que si nuestros peques pudiesen expresarlo, nos dirían  "Mamá, papá, no me digáis sólo lo que no puedo hacer, díganme también lo que sí puedo hacer".

Veamos como llevarlo a la práctica...
imaginemos que nuestro hijo está haciendo algo que es peligroso o algo que en según qué lugares le dejaríamos hacer, pero en según qué otros, no. (Porque si vives en el campo o estás de vacaciones, gritar, chillar, cantar y saltar es algo normal y parte del juego de la libertad, pero si estás en un departamento y son las diez de la noche, o si estás en un hospital o un lugar donde se requiere silencio, pues no se puede) entonces le dicimos que "No", que no haga eso y le explicamos la razón:

viernes, 27 de noviembre de 2015

Como aumentar la autoestima en nuestros hijos



La autoestima es un elemento imprescindible para ser feliz. Un niño con una autoestima alta tiene confianza y seguridad en sí mismo, dispone de un alto nivel de autocontrol y gestión de las emociones, tiene mayor iniciativa y autonomía, posee mayor capacidad para asumir riesgos, no tiene miedo a equivocarse, etc.

La autoestima depende principalmente del ambiente familiar en el que el niño se desarrolla. Si un niño se siente querido y valorado por sus padres, será un niño que se querrá y se valorará.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Como nutrir el cerebro de nuestros hijos en 12 pasos (derivado de Cómo disecar el cerebro de un niño en 12 pasos)




Debido a que en el post de "Cómo disecar el cerebro de un niño en 12 pasos"  (tambien puedes leerlo en mi facebook)  muchos preguntan, ¿qué cosas si debemos hacer? He decidido hacer pues algo como una recapitulación de lo dicho hasta ahora en cada post.

1- incentivarlos a moverse a jugar y a explorar, los niños aprenden moviéndose y experimentando.

2- enseñarle modales por respeto, el que es una relación simbiótica, queremos que sean niños y personas respetuosas pero para eso primero deben ser respetados.

3-apoyarlos y confiar en ellos y sus capacidades, estar allí cuando veamos que es potencialmente peligroso pero jamas limitar nosotros sus capacidades con frases invalidantes

4- respetarlos, respetar su privacidad, su mundo, no exponerlos al ridículo.

5-hablar sobre los actos no etiquetarlos a ellos, es distinto decirle "has mentido" que "eres mentiroso" 

6- permitirles expresarse y valorar sus emociones, todas las emociones son buenas y deben ser expresadas para formar relaciones sanas.

7- alimentarlos de manera sana y nutrituva, nadie dice que no coman chuches ¿pero a de ser a diario?

8- enseñarles que todas las personas tienen defectos y virtudes y que deben admirar aquellas cualidades que enaltecen 

9- jamás compararles, apocarles o incentivarlos a devastar o arrasar con el otro,eduquemos con respeto.... enseñarles que aprecien el trabajo duro, que den lo mejor de si, a superarse y a disfrutar el proceso

10- decirles que su mayor meta debe ser la de buscar su felicidad que el camino es propio y no deben hacer algo solo porque otros esperen que así sea

11- enseñarles a pensar a ser autocríticos y a razonar 

12- partir diciendo la  verdad "yo no fuí criado así, también estoy aprendiendo y me equivocare y me he equivocado, pero trato de enseñarte y hacerlo de manera correcta comportandome yo de igual manera"  eso inicia, pues de seguro antes no lo haciamos bien y desconfiaran de este cambio tan repentino

Y  como bonus 
13- así como recomienda el sistema  Waldorf un niño de 10 años no morirá por no tener un celular, móvil, tablet o portátil  en la mano y cuando al fin lo tienen no tardarán mucho en ponerse al día.


Karla Piccardo
Mamá Homeschooler

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Hijos mandones?..

Desde hace algo más de una década comenzaron a surgir en diferentes ciudades del mundo niños que al parecer se erigen como los jefes indiscutidos de la familia. Son ellos quienes eligen qué se come, dónde se vacaciona, qué canal de televisión se ve, los horarios para dormir y otras actividades de la familia. Amenazan, pegan, agreden psicológicamente a sus padres y parecen no haber desarrollado la empatía, ni ser capaces de experimentar emociones morales como la compasión o la culpa.

Algunos ya lo ven como un fenómeno llamado “Síndrome del Emperador”, haciendo referencia a un tipo de vínculo entre niños y padres, en el cual los niños hacen de sus caprichos ley, y quien no obedezca paga las consecuencias con sus agresiones y tortuosos berrinches. Es una pauta interaccional donde los niños aprenden a controlar a los adultos, logrando que obedezcan y cumplan sus exigencias. Son fáciles de reconocer pues se caracterizan por ser egocéntricos y poseer muy baja tolerancia a la frustración (que, por cierto, no pasa inadvertida). No parecen haber aprendido a auto-controlarse o auto-regular sus emociones y saben a cabalidad los tiempos de los padres, a quienes fácilmente manipulan amenazándolos o esgrimiendo argumentos cambiantes.

Algunos investigadores destacan causas genéticas para este síndrome. Sin embargo, una postura menos reduccionista y más comprensiva de los cambios sociales actuales–a la cual adhiero- señala que esto se debe a modificaciones a nivel familiar y social, más precisamente, a adultos que no ponen límites en forma adecuada y ya  no por culpa de los niños sino por no saber distinguir entre autoridad y autoritarismo. Por ejemplo, hoy todos somos testigos de que muchos padres no tienen el tiempo ni la firmeza necesarios para educar y poner límites a sus hijos. Las exigencias económicas los obligan a ausentarse de sus hogares, generando en ellos hábitos culpógenos tendientes a ceder y sobreproteger a sus hijos, consintiéndolos en todo cuanto puedan de manera económica, material o permisiva. Por otro lado, se puede observar una carencia de hábitos familiares afectivos: las pantallas se han interpuesto haciendo que se pierda el contacto corporal propio de actividades como jugar y divertirse con  los hijos, o la vieja costumbre de hacerles dormir con un cuento antes de arroparlos y darles su beso de buenas noches.

A nivel social, en general, se abriga una actitud permisiva que fomenta esta actitud  infantil y quizás sea por miedo al autoritarismo padecido por muchos adultos que algunos buenos y amorosos padres no nos permitimos ejercer la autoridad, que es muy distinta  al autoritarismo, la autoridad es sana y necesaria para el adecuado crecimiento de nuestros hijos y es en sus primeros años en donde debemos ejercerla luego será parte de la relación, luego padres e hijos ejercen autoridad o autocontrol sobre sus vidas, la autoridad en los primeros años permite a nuestros hijos tener standares claros y límites establecidos en base al respeto que se les ha entregado y es eso lo que recibimos de regreso en esos "difíciles años" que parten a los ocho y terminan... Muchas veces no terminan bien.
Por otro lado, la televisión institucionaliza una sociedad de consumo que  legitima valores hedonistas y exigencias de “pasarla bien” y hacer lo que deseemos en todo momento sin que nada ni nadie (y mucho menos obligaciones de ningún tipo) se interpongan con nuestra voluntad y a veces esto se ve incluso fomentado en el hogar por padres que hacen todo por sus hijos sin dejarles ayudar o darles responsabilidades "porque son niños". Asi solo se ponderan exigencias adquisitivas y privilegios excesivos, sin considerar responsabilidades ni valorizar el compromiso con metas que requieran un esfuerzo.

Padres dudosos les enseñan a sus hijos ,erróneamente, que todos los límites son negociables, permitiéndoles “muñequear” en todo, mediante berrinches, agresiones físicas o la infalible artillería pesada de los “ábrete sésamos” que declaran a viva voz que sus padres NO son buenos o amenazan con dejar de amarlos. Como si fuese poco, estos padres creen erróneamente que incluyendo a sus hijos en el sistema escolar "alguien más" tiene la responsabilidad de educar a sus hijos, que, por cierto, creen que eso implica poner límites pero sin poder recriminarle a los pequeños pues una clase de "autoridad" que en el colegio o la escuela no deben ejercer.

Cuando estos niños alcanzan la adolescencia consideran descabellado obedecer o respetar a sus padres y maestros, y entienden que lo lógico es que les obedezcan a ellos. Así  llegan incluso a agredir físicamente a sus padres. En efecto, son numerosas las denuncias en comisarías por ataques de este tipo. Las estadísticas demuestran que son las madres las principales víctimas de este síndrome, que se da mayoritariamente en familias uniparentales.

Tanto desde la ingeniería como desde la psicología sabemos bien que el secreto está en invertir en buenos cimientos. Para tener niños, adolescentes y adultos sanos debemos comenzar justo ahí, en las bases, en la primera infancia. Aunque pueda parecer difícil, es más simple y “económico” comenzar dando amor, poniendo límites firmes, permitiendo que tengan pequeñas frustraciones para que aprendan a tolerarlas, enseñándoles a comprometerse y esforzarse en pos de sus metas, acompañándolos en sus emociones,enseñándoles a reconocerlas y por sobre todo enseñándoles que las relaciones se basan en respeto… Los beneficios de los esfuerzos invertidos en esta etapa se cosecharán más tarde en la vida y serán  sin lugar a dudas muy buenos.

Karla Piccardo
Mamá homeschooler

jueves, 12 de noviembre de 2015

Comunicación afectiva y efectiva

Para educar a nuestros hijos necesitamos transmitir ciertos conocimientos, pero también necesitamos corregir aquellos que sean erróneos, y el medio para hacerlo es la comunicación efectiva y afectiva.
Cada vez que debemos corregir modos de comportamiento cometemos un error que lamentablemente es bastante común y es que a veces decimos a nuestros hijos ¿eres tonto" , "eres un inútil”, "que irrespetuoso eres", "eres muy inquieto", "eres un molestoso", "eres un mentiroso", eres flojo" " eres un llorón" "eres demasiado agresivo", "eres un Bruto" "eres brusco" "eres... Eres... "
Con estas frases estamos juzgando calificando y definiendo a nuestro hijo y lo hacemos siempre que la frase comienza con "eres".
Este modo de comunicación constituye un error violento ( En el sentido estricto de violencia, en tanto uno de los interlocutores es quien define la relación, puesto que es quien desde un punto de vista interaccional se ubica en una posición complementaria superior, ejerciendo un poder por sobre el otro que es juzgado como persona, sin que la opinión de éste se tenga en cuenta. Es en este sentido que hablo de violencia, que es muy diferente al concepto de agresión), dado que no porque nuestro peque no entienda algo es bruto ni tampoco porque mienta es un mentiroso. Para que esta afirmación sea realmente cierta, nuestro hijo debería mentir habitualmente o hacerlo siguiendo un patrón de comportamiento predominante. Por ello, un modo de corregir esta manera de comunicar es emitir un juicio acerca de la acción en sí misma. Es decir, en lugar de decir "eres muy agresivo", es mejor decir "te comportase de manera agresiva (en tal o cual momento)". De este modo estamos hablando de la acción, liberando a nuestro hijo. La acción es fácilmente modificable, sin embargo la persona no. Al usar el término "eres" juzgamos al ser, lo intrínseco, lo que nuestro hijo es como persona, lo que no cambia rápidamente.
Es importante tener en cuenta que de tales afirmaciones también se forma la identidad de nuestros hijos.

Un niño que escucha una afirmación acerca de su persona tal como "eres un irrespetuoso" comienza a formar un concepto de sí mismo que comprende literalmente la afirmación. Luego comienza a comportarse de esa manera, pues esto que escuchó ya es parte de su rol, que poco a poco formará su identidad, la cual se construye según el trato que recibió y el lugar interaccional que se le dio. Así, es ubicado en el lugar de "niño irrespetuoso", desde un punto de vista sistémico o interaccional, pero si en lugar de ello escucha la siguiente afirmación "En tal momento te comportaste de manera irrespetuosa o indeseada", sabe que puede cambiar dicha conducta y reemplazarla por otra más adecuada.

Por otro lado, pedirle a nuestros hijos que se comporten adecuadamente mientras se les define como irrespetuosos constituye técnicamente un doble mensaje, en tanto que si se comportan adecuadamente desconfirman la afirmación, y si se comportan irrespetuosamente no obedece la orden. De esta manera quedan entrampados, por eso es imprescindible no juzgar a nuestros hijos ni a ninguna persona, sino siempre hablar o referirnos a la acción, si lo que queremos es que puedan cambiar para mejorar, claro.
Además, si recordamos el Efecto Pigmalión, nos damos cuenta de que es indispensable tener expectativas positivas respecto de la persona, pues si la juzgamos negativamente, así se comportarán.

Para corregir los errores de un niño, sugiero considerar lo siguiente:

1)-  Hacerlo en privado, puesto que la presencia de sus amigos u otras personas al momento de hablar de sus acciones erróneas puede dar lugar a que le etiqueten, se le dé un determinado lugar interaccional y se lo trate de acuerdo a éste.

2)- Tener en cuenta el doble mensaje, procurando no juzgar a la persona sino a la acción.

3)- Dedicar el tiempo necesario para la devolución de nuestra opinión o charla, evitando ser demasiado breves o excesivamente extensos.

4)- Es un error centrarse en los puntos débiles sin señalar los fuertes. El recorrido más adecuado es comenzar por un aspecto positivo, luego pasar al negativo o al comportamiento que se desea marcar para que nuestro peque lo cambie, y por último terminar o cerrar con un comentario positivo acerca de él, como por ejemplo afirmar que uno está seguro de que podrá llevar a cabo el cambio y que confía en su empeño.

5)- Hablar desde la subjetividad, comenzando con frases como "a mí me parece que…", "yo me sentí como si…", "yo pienso que…" y evitando el mensaje que sentencia desde la objetividad, como sería decir tú eres … (de tal o cual manera)". Un mensaje que se da desde esta posición es violento en sentido estricto, pues es sólo uno de los interlocutores el que define la situación, sin que se deje posibilidad para pensar distinto o coincidir, pues se está obligando al otro a pensar de un modo determinado (Desde una epistemología constructivista, sabemos que hay tantas opiniones y construcciones posibles como personas en el mundo. Es necesario, pues, tolerar y respetar la diversidad).

6)- Colocarse a la altura física del niño, es decir, agacharse o ponerse en cuclillas para poder establecer un mejor contacto visual. Asimismo es bueno evaluar la posibilidad de poder tomarlo de la mano o bien del hombro, muchas veces en brazos o ennel regazo, en una actitud empática, en tanto nuestro hijo no se sienta invadido en su espacio físico.

7)- Es muy importante estar tranquilos al momento de hablar de los errores de otra persona. Si tratamos de corregir un comportamiento cuando estamos enfadados, muy probablemente seremos agresivos con nuestro hijo en lugar de ayudarlo, Para esto es necesario tener en cuenta el propio registro emocional y poder discriminar nuestras emociones.
Esta modalidad también es descrita por algunos autores como lenguaje "I-Prima". La utilización habitual e imprudente de palabras tales como "es", "eres", "son" y sus variantes podrían generar una tendencia hacia la rigidez mental, pues rotulan y etiquetan a las personas.
La propuesta es escoger una alternativa al verbo "ser" y sus conjugaciones, para que quien habla se responsabilice de la opinión expresada en lugar de ampararse tras la objetividad ("esto es así") que implica un verbo de existencia. Por ejemplo en lugar de decir "eres un niño inquieto y revoltoso" podemos decir "en mi opinión, te comportas de manera inquieta y revoltosa", otro ejemplo seria en lugar de "esa es una buena idea" podemos decir "me gusta esa idea", "este lugar es feo" por "este lugar no me gusta" O sea aprender a hacermos responsables de nuestras palabras, sentimientos y sensaciones.

Por otra parte, Cohen habla de dos tipos de lenguajes que pueden ser utilizados por para mejorar la comunicación.

El lenguaje restrictivo, que es directo, controlador, impersonal e indiferente y el lenguaje sensible, que transmite respeto y aceptación por los sentimientos e ideas de los demás fomentando la colaboración.

El lenguaje restrictivo es más propio del modelo educativo de generaciones anteriores, donde primaba un estilo rígido y muy estricto.
Los siete consejos anteriores intentan describir y especificar el lenguaje sensible. Este tipo de lenguaje fomenta la independencia y acrecienta la motivación y la creatividad, estimulando la autoestima y la conciencia de sí mismo en nuestros hijos disminuyendo así la ansiedad y la agresividad.

Una comunicación afectiva y efectiva alienta a que hagan preguntas reflexivas, no se les interrumpe cuando tienen una idea que comunicar y los incentivamos para que elaboren sus propias ideas.

Al hablar de la comunicación pienso en el hecho de que no sólo es necesario e importante que ésta sea adecuada, sino también que, aunque suene obvio, exista. Es decir, que nos comuniquemos verbalmente, explicitando a través del lenguaje aquello que pensamos y sentimos.

Debemos saber también que existe una buena comunicación y una mala comunicación, como lo son respectivamente el lenguaje sensible y el restrictivo, pero lo cierto es que si no hay comunicación, no nos relacionamos ni de manera funcional ni apropiadamente con las demás personas, podríamos decir que renovar la comunicación y reflexionar acerca de como la estamos llevando a cabo también ayuda a mejorar las relaciones.
La otra mitad, tanto o más importante que expresar, es escuchar; escuchar y hablar sin estar a la defensiva permite a las personas entenderse y poder así resolver problemas con un costo mínimo de energías. Cuando una persona escucha con una actitud defensiva hace que se pase por alto o se rechace lo que la otra persona intenta comunicar, reaccionando a esto como si nos estuviesen acusando o agrediendo. Es por ello que una actitud empática, mediante la cual concentremos nuestra atención en el discurso del otro y sus emociones, permite cortar con el círculo de la hostilidad y comenzar aquel del entendimiento. Pero no es menos importante el hecho de que hay que respetar el punto de vista ajeno en el ejercicio de la tolerancia, que nos permitirá establecer el llamado "meta-acuerdo", es decir, poder acordar que se está en desacuerdo, respetando una manera de ver la realidad simplemente diferente, o desde una perspectiva distinta.

Bibliografia recomendada
"Como ayudar a los niños de hoy" del Lic. Lucas J.J Malaisi

lunes, 9 de noviembre de 2015

Una mentira ancestral

Se acerca Navidad y con ella llega para muchos niños la ilusión de que Santa, Papá Noel o como le conocemos acá en Chile el "Viejito Pascuero" traiga algún regalo, ese tan especial que han esperado por mucho o tal vez uno más.
Año a año los padres y madres de todas partes del mundo nos desvivimos por entregar a nuestros hijos esa ilusión para Navidad, les ayudamos y alentamos a escribir una carta, les contamos aobre como es la casa, el taller, lo rapido que vuela, incluso hay una aplicación para seguirle via online y ver en "tiempo real" por donde va pasando, es más  existe una marca de bebida gaseosa que nos permite una "llamada en vivo" entre su propaganda en donde Santa saluda a nuestro peque por su nombre...
Alimentamos su ilusión a diario, incluso conozco familias que le usan de chantaje
" Come todo o Santa no vendrá " " Santa no trae regalos a los niños porfiados" ; Pasamos años de nuestra vida tratando de mantener esa ilusión y nuestros hijos pasan años de su vida creyendo absolutamente en su existencia, muchas noches ansiosos esperando su llegada y semanas de ilusión esperando verlo...

Pero llega un día en el que por alguna razón alguien, algún amigo, un compañero del curso, una profesora, su mejor amiguita o incluso nosostros mismos contamos "LA VERDAD"  esa dolorosa verdad.
Pero tras eso que hacemos los padres por costumbre, porque estamos seguros de que es lo mejor tal vez se esconde un hecho horroroso y es que es quizás un acto de absoluta crueldad  ilusionar a nuestros hijos para luego decirles que les mentimos, que somos expertos engañando y que todas esas veces, la risa, los regalos, la leche y las galletas, los caramelos en la bota todo absolutamente todo lo hicimos nosotros.

Y no digo que sea malo de manera antojadiza, es más yo misma llevo semanas pensando en esto y haciendo un trabajo profundo por conectar a mi niña,  por recordar mi infancia y ese exacto momento...

Todo partió hace tres meses atrás un día en el que conversaba con mis hijas y sus amigos, uno de ellos, Matias, me dice:

-"¿Tía y usted le va a decir a Antaro que existe el Viejito Pascuero?
(Antaro es mi hijo pequeño, tiene un año y siete meses y esta sería su primera Navidad conociendo a Santa)
Yo claro, consecuente con mi entorno, jamás he cuestionado si quiera que hubiese otra posibilidad, entonces le respondí
-" Claro, este año tendrá su primera foto en la aldea con Santa y sus duendecillos"

- ¡Que cruuuuel! - me sorprendió.

A lo que todos los niños presentes se sumaron con un rotundo ¡siiiii!
Incluso mis hijas!!!!
Tan sorprendida quedé que inmediatamente pregunté por qué y sus respuestas me dieron mucho, muchísimo a pensar.

- Mamá yo sufrí mucho cuando me enteré de la verdad - me dice mi Bailarina - Me dio mucha pena que no existiera.
- Siiii, para mí fue triste también - añadió Matias - Es que uno se ilusiona y es como que ese día a uno le matan la infancia.
- A mí,  a mí me dio pena y lloré como tres días ¡y eso que yo no lloró! - Me contó Pedro, que tiene 7 años y se enteró la Navidad pasada.
- Para mí lo más triste fue que todos mis amigos sabían menos yo y me sentí tonta por creerles a ti y a Papá y me dolió que me mintieran -Me destrozó mi Gatita.
- A mi no me dolió tanto, total los adultos siempre mienten y eso era otra mentira más - Me dijo Viviana.

- ¿Pero no lo disfrutaron mientras fueron niños? ¿Tan malo fue?
- Siiiii - gritaron a coro- Es que mientras dura es bonito pero cuando uno sabe la verad es tan triste y duele tanto que de verdad uno siente que le matan la inocencia y la infancia - hablaron todos.

Fue terrible,  de verdad que para mi fue muy doloroso descubrir y escuchar a una de mis hijas decirme que la había dañado y a un nivel muy profundo...
Es  cierto que para ella la verdad y el saberla es una cuestión importante en su día a día pero jamás imaginé que mantenerle una ilusión fuera malo.

La conversación siguio por el camino lógico y les pregunte qué hubiesen preferido ellos, me dijieron que hubiesen preferido la verdad, que saber que los papás compran los regalos les da mas valor que si los regala Santa porque si el juguete se rompia ellos pensaban " No importa le pido otro para la próxima Navidad" en cambio si hubiesen sabido que se los regalaban los papás los habrian cuidado más, Matias me contó que su abuelo le regalo una Pelota gigante cuando el tenía seis años y la pelota se rompió pues él jugaba brusco porque no le había gustado el color, en el transcurso del año su abuelo murió y si él hubiera sabido que ese regalo era de su abuelo y no de Santa lo habría cuidado más y tendría el ultimo regalo de su abuelo...

Fueron muchas las cosas, historias y anécdotas de esa tarde pero lo que más me quedó fue eso, en este tiempo he tratado de recordar como fue cuando descubrí la verdad...
Fue en el colegio, mis compañeritas se rieron de mí porque yo "era chica y todavía creía en el Viejito Pascuero" lloré en silencio porque tenía la esperanza de que fuera un error, de que estuvieran equivocadas... Pero no fue así, espié  a mi madre y la descubrí  entrando la bicicleta de esa navidad.

Y es que ya no sé que dicerle a mi hijo no sé si decirle que Santa no es una persona real sino más bien definirlo como la alegoría del espíritu de la Navidad, contarle que somos nosotros todos los que le queremos quienes le entregaremos regalos y que si, que existe un Viejito Pascuero, que existe dentro de cada uno y que cualquiera puede ser un Viejito Pascuero que podemos entregar regalos a niños que tengan menos o compartir una cena de navidad con alguna familia que no pueda costearla y obvio le enseñaré que la Navidad se trata de amor y de estar con nuestros seres queridos.
O tal vez si, tal vez ahora que no habrá colegio ni demasiada influencia externa sea posible que su transición sea más suave, más linda y mas natural...

Ya les contaré como me va con eso y con el ratón de los dientes y el conejo de pascua.... Que de esos supongo que también habrá que replantear algo...

Karla Piccardo
Mamá Homeschooler.

sábado, 7 de noviembre de 2015

10 ideas para motivar a nuestros hijos

La motivación es la base de un desarrollo pleno, fomentarla y mantenerla en nuestros hijos es uno de nuestros deberes como padres.

Hoy quiero darles algunas ideas que he ido recopilando por internet y también basadas en nuestra propia experiencia con nuestros hijos:

1.- Los cuentos.
Son una fuente inagotable de recursos educativos. Podemos trabajar con ellos desde las emociones, hasta la adquisición de algún hábito, proporcionar información, etc. Por supuesto que en el tema que nosocupa, la motivación, son una fuente imprescindible. Deberemos elegir la temática según el área que queramos motivar, procurar que tengan un lenguaje acorde y comprensible a la edad de nuestro hijo, que la historia, los personajes y dibujos sean de su gusto... Esto es muy importante porque si el libro nos encanta a nosotros pero a ellos no les dice ni fu ni fa no conseguiremos nada.

2.- Estar nosotros motivados y ser motivadores.

Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.
                                                                                                               Albert Einstein.

3.- Reconocer los logros y convertir los errores en un nuevo punto de partida.

No se trata de estar todo el día diciéndole todo lo que hace bien, ni lo maravillosísimo que es... se trata de saber reconocer el esfuerzo, reconocer que hay cosas que damos por hecho que debe hacer o son fáciles de hacer, pero para nosotros, que tenemos una edad, para un niño es diferente. No limitarse al muy bien, sino a mostrar nuestro orgullo por la capacidad que ha demostrado: esfuerzo, valor, trabajo, concentración....

Igual cuando se equivoquen o no sean capaces de hacer algo... ayudarles a dar una nueva perspectiva, un nuevo enfoque... no solucionarle el problema si no acompañarles y guiarles para que ellos sean quienes busquen alternativas... no sólo lograremos que nuestro peque sea capaz de hacer lo que antes no podía o hizo mal, si no que aprenderá un montón de cosas del proceso.

4.- Eliminar de nuestro vocabulario los "Porque si" o "porque yo lo digo".

Y es que no sólo resultan desmotivadores, si no que además un modelo de paternidad autoritario y dictatorial trae consigo niños poco creativos, desmotivados, dependientes, sin capacidad de razonar y reflexionar porque sus padres no son capaces de reflexionar o razonar con ellos el por qué de algo.

5.- Las tareas y los objetivos deben ser acordes a la edad, madurez y capacidad del niño.

Olvidémonos de que tal o cual actividad está destinada para esta edad o que el hijo de alguien más ya hace tal o cual cosa... cada niño, al igual que cada adulto, tiene su propio ritmo de aprendizaje, tiene sus capacidades, competencias, habilidades, etc... Sería estúpido exigir a todos los adultos de 30 años que supieran, por ejemplo, realizar un proceso matemático complejo ¿no?

6.- Buscar alternativas.

Es importante que cuando nuestros hijos pierdan el horizonte y se sientan agobiados nosotros podamos mostrarles alternativas, opciones para tal vez hacer lo mismo o tal vez cambiar y dar un giro hacia algo que se les de mejor.

7.- Salir de casa:

Tal vez puede parecer obvio pero no lo debe ser tanto, cuando hoy en día los niños se pasan la mayor parte del tiempo encerrados entre cuatro paredes consumiendo informacion desde pantallas. La práctica de algún deporte, los juegos al aire libre, ir al parque a dar un paseo y tomar un helado... una vida activa, en contacto con la naturaleza en dónde predomine el juego, no sólo hará que sean más imaginativos y creativos al disponer de nuevos escenarios de investigación y experimentación sino que además les ayudará a la liberación de endorfinas y todo ello contribuirá a una mayor motivación y bienestar es absolutamente necesario para su desarrollo el contacto con la naturaleza y su entorno.

8.- Disminuir o en lo posible eliminar el uso de pantallas:

Ya hay muchos estudios que nos advierten de los peligros y escasos beneficios que los dispositivos tipo tablet, moviles, ordenadores, tv le proporcionan a nuestros hijos, sobre todo a los más pequeños.
Un uso regular, excesivo o alto de las pantallas hace que nuestros hijos se conviertan en sujetos pasivos, receptores de imágenes e información que en muchos casos dada la velocidad a la que se les presente son incapaces de procesar o retener, hacen que cada vez estén menos motivados para otras actividades que impliquen una mayor actividad por su parte... si los adultos nos enganchamos con facilidad a todos estos dispositivos sería ridículo pensar que los niños no.

9.- Dejar que tomen decisiones:

Creo firmemente que si en una familia los hijos no pueden participar en la toma de decisiones, hay un problema. No me refiero a todas las decisiones, deben poder participar en decisiones acordes a su edad y a su papel dentro del núcleo familiar (obviamente hay muchas decisiones que sólo nos corresponden a los padres puesto que para eso somos los adultos y los máximos responsables) si no les dejamos desde pequeños entrenarse en la toma de decisiones no podemos esperar que sean adultos capaces de sopesar todas las opciones y tomar decisiones adecuadas.
Existen muchas decisiones diarias en que los pequeños de la casa pueden ejercer su autonomia o capacidad de decisión puede  ser el tipo de ropa que se van a poner (siempre de acuerdo al tiempo que haga o a la circunstancias... no pueden salir de bañador un día frío o ir con buzo a un matrimonio),a veces se puede decidir conjuntamente comidas o cenas, dándoles a elegir entre varias alternativas que previamente habremos considerado, esto es muy, muy importante, siempre debemos darles a elegir entre opciones que hemos evaluado nosotros mismos con anterioridad... poco a poco se puede incrementar el tipo y nivel de decisiones que pueden tomar. Todo ello hará que sientan que se les tienen en cuenta, que son parte activa y sus opiniones son valiosas lo que hará que se sientan motivados a querer asumir responsabilidades y adoptar un papel activo en la familia (lo que se acabará extendiendo a otras áreas de su vida)

10.- Escucharles:

Cada vez parece que tenemos menos tiempo para nada, andamos a la carrera, ya no es la primera vez que nos sorprendemos a nosotros mismos diciéndo "ajá" "si?" "vale" "ok" a algo que nos están contando nuestros hijos pero no sabemos ni lo que nos están diciendo... ¿verdad? A veces estamos tan metidos en nuestras preocupaciones y obligaciones que el parar 5 minutos a escuchar una historia de nuestro hijo pequeño nos resulta imposible... ¡¡no podemos perder el tiempo en cosas de niños!!! ¿En serio? ¿no podemos? O es que nos hemos acostumbrado a pensar así... lo que para nosotros puede resultar una tontería o algo sin importancia para ellos es su mundo y deberiamos sentirnos felices de que quieran compartirlo con nosotros.. ¿como de motivados nos sentiríamos si nadie tuviera tiempo para escucharnos?

En definitiva, en una sociedad en la que sólo se toma como referencia y en cuenta al adulto debemos empezar a incluir a los niños como parte activa. Ellos son el futuro, pero para ello debemos dejarles participar y acompañarlos en el presente haciendo de cada obstáculo un momento oportuno para aprender, superar y motivar y ayudandoles así a ser grandes seres humanos.

martes, 3 de noviembre de 2015

Todo sobre las Rabietas y Pataletas

¿QUÉ SON LAS RABIETAS?

Las rabietas, como su propio nombre indica, es una forma de manifestar la rabia o la frustración, habitualmente en los niños, siendo algo frecuente en la edad
comprendida entre los 2 y los 5 años.
Ante todo, me gustaría transmitirte un
mensaje de tranquilidad. Las rabietas son simple y llanamente la manifestación del
enfado en los más pequeños: Gritan,
lloran, patalean y dan manotazos porque
no tienen una forma más "civilizada" de
gestionar lo que les pasa y necesitan
expresar sus emociones. Los adultos
también nos frustramos en muchas
ocasiones. La diferencia está en que
nosotros tenemos otras herramientas
para gestionarlo como llamar a un amigo;
hacer yoga; ir al gimnasio o “maldecir
para nuestros adentros”. Y ellos utilizan
herramientas un poco más primitivas.
Lo primero que debes tener en cuenta es que no hay emociones negativas, sino
formas negativas de exteriorizarlas. Y de la misma forma que les damos
herramientas para manejarse en cualquier otra situación de la vida, como
enseñarles a hablar, a caminar o a sumar y restar, también tenemos la obligación
de mostrarles cómo identificar y gestionar sus emociones, entre ellas la ira y la rabia. Y hacerlo de una forma “más sofisticada”, que no resulte dañina para los demás, ni lo más importante, para sí mismos.
Cada rabieta debe interpretarse como un mensaje de comunicación: “¡Estoy
enfadado y/o frustrado y sólo sé expresarlo así!”. Antes de actuar pregúntate:
¿Cómo me gustaría que reaccionase mi ser más querido ante mi enfado?

¿SE PUEDEN EVITAR?

Ante esta pregunta, creo que lo mejor que puedo responder es: Por poder, se
puede, pero no se debe. ¿Existe algún adulto (sano) al que todo lo parezca bien y jamás se enfade, se frustre o sienta rabia?. Lo extraño es que existan niños que no tienen rabietas, o bebés que nunca lloran. Lo normal es que todos experimentemos todo tipo de emociones.
Lo que sucede es que pretendemos
evitar el conflicto a toda costa, porque
nos han inculcado que es malo y que
sentir y expresar la rabia es algo
negativo. Que lo correcto es que los
niños sean siempre obedientes y no
generen conflictos.
Esta idea nos ha calado de tal forma
hasta tal punto de etiquetar a los niños
como “buenos” o “malos” en función de
si son obedientes o no y del número de
conflictos que generan. Así, es muy frecuente escuchar durante una rabieta frases como: “Si te enfadas no te quiero”; “¡Qué feo te pones cuando lloras!”; “¡Qué mal te portas!”; ¡Te voy a dar yo razones para llorar!.
Enseñamos a los niños desde pequeños a culpabilizarse cuando sienten ira o
enfado hasta conseguir que no exterioricen sus emociones. Pero el conflicto no es malo, al contrario. Es una situación natural que se produce en todas las especies que nos ayuda a prosperar y que, una vez resuelto, incluso refuerza
nuestros lazos afectivos.
Anticípate:
Lo que sí podemos hacer es anticiparte a situaciones que sabes que generarán
un conflicto. Como por ejemplo: Evitar tener a la vista un paquete de galletas si
sabes que tiene hambre y estás preparando la cena. O no pasar por delante de su juguetería favorita si tienes prisa. Anticipar situaciones de conflicto es mucho más productivo que ceder a última hora. Ejemplo: Ya que ha visto las galletas se las voy a dar para que no llore, a pesar de que estoy preparando la cena (aunque si lo haces un día o dos, no pasa nada, no te culpabilices por ello).

¿QUÉ NO HACER NUNCA ANTE UNA RABIETA?

No te voy a engañar, no existe una fórmula mágica que consiga que una rabieta desaparezca de forma instantánea. No hay una palabra o un gesto que funcione en todos los casos, sin excepción.
Sí que existen ciertas pautas que te daré más adelante que te ayudarán a
gestionarla de una forma sana, no dañina, ni para ti ni para el niño. Pero me
parece muy importante decirte qué NO debes hacer en ningún caso ante una
rabieta infantil.
Como hemos dicho anteriormente una rabieta es una forma de expresión, de
comunicación. Si es ignorada, la comunicación ha fracasado. Si el niño al final se “calma” no significa que haya aprendido a gestionar la rabia, sino que ha llegado a
la fase de resignación que trae de la mano consecuencias muy peligrosas como la
ansiedad o la depresión (indefensión aprendida).
Al ignorar una rabieta estamos transmitiendo un mensaje al niño: “No expreses tus emociones, no me gusta”. Lo mismo sucede si le regañamos; le avergonzamos, le ridiculizamos; le amenazamos o le hacemos chantaje emocional. Todos esos modos de actuar dañan psicológicamente al niño, le hacen sentirse culpable por
sentir, le hacen crear el pánico al conflicto. Una emoción que no se expresa no desaparece, se acumula, se magnifica y luego sale por otro lugar, seguramente en forma de patología.
La clave:
Evita cualquier tipo de actuación que tenga como consecuencia que el niño
reprima sus emociones.
Recuerda:
Los niños no pretenden manipular ni
están haciendo ninguna lucha de
poder.

¿CÓMO AFRONTAR MEJOR ESTAS SITUACIONES?

Lo primero que debemos tener presente es el respeto al niño como individuo. Los
adultos tenemos derecho a enfadarnos y los pequeños, también.
Por eso, cuando me preguntan qué hacer ante una rabieta, lo primero que se me
viene a la cabeza es decir: Actúa exactamente como te gustaría que te tratasen a ti cuando estás enfadado y se lo expresas a tu persona emocionalmente más
cercana.
Imagina que llegas a casa enfadado porque has tenido un enfrentamiento con alguien. Se lo cuentas a tu pareja todavía alterado. Y su respuesta es algo así
como "cuando te calmes vienes y me lo cuentas", "así no se habla, vete a pensar", "No pasa nada, vete a lavarte las manos que la cena está caliente", etc. ¿Cómo te
sentirías? No muy bien, ¿verdad? Quizás ahora te sea más fácil empatizar con los
niños, apuntando además, que ellos viven las emociones de una forma más
intensa y a que nosotros somos sus padres.
Otro punto fundamental es que siempre debemos ir a la causa, no a tapar el
síntoma. Por ejemplo, si tu hijo pega, esto te indica que hay algo que le ocurre. No me centro en el "no se pega" sino en averiguar la causa. Siempre debemos ir a la raíz, igual que en el caso de las rabietas:
¿tiene sus necesidades básicas
cubiertas? Recuerda que las más
importantes son el cariño y la atención.
¿Le ha pasado algo? ¿Está cansado o
enfermo? ¿Qué necesita?
Olvídate de la falsa lucha de poder, y
de pensar en qué opinará la gente de la
calle que observa la rabieta y lo que
hacemos. Procura no centrarte en lo que
piensan los demás y focaliza tu atención
en descubrir la necesidad o malestar que
trata de expresarte el niño mediante su
comportamiento.

¿CÓMO GESTIONAR LAS RABIETAS?

1.- Acompáñale:

Algo tan sencillo como verbalizar lo
que él siente: "Estás enfadado".
Ponerse a su altura mirándole a los
ojos y ofrecerle nuestra cercanía y
nuestro abrazo si lo desea. Si no lo
acepta, decirle que cuando quiera
estamos ahí, cerca y disponibles. Que
les queremos. Esto no quiere decir que
la rabieta cese, aunque por lo general
al menos se atenúa, pero el objetivo no
es ese, no queremos evitarla.
Queremos que nuestro hijo se desarrolle sano.

2. -No pierdas la calma.

Mantener la calma durante los berrinches es fundamental para no empeorar la
situación con tu propia frustración, ya que puedes complicar aún más el estado de las cosas y probablemente tengas que hacer frente a una rabieta mucho mayor.
Si la situación te supera intenta alejarte un momento (si estáis en un lugar público, siempre manteniendo al pequeño en tu campo de visión), respira hondo y cuenta
hasta 10 pausadamente. Sé que suena a tópico, pero te aseguro que bajará tu
nivel de enfado.

3.- Empatiza.
Ten presente que tu hijo no es malo, no te chantajea, y que él también sufre cuando tiene una rabieta. Que esta etapa forma parte de su crecimiento y que llegará un día en que pasará. Así que, si tu pequeño se encuentra en un momento de frustración y enfado, ayúdale a gestionar esas emociones. Como hemos visto, es
fundamental recordar que los niños también son personas y que tenemos que
respetarlos y tenerlos en cuenta como tal.
Ponte en su lugar: “¿Cómo me gustaría que me tratasen a mí si me siento así de mal?”

4.- Sé su ejemplo. Sé coherente.

Las rabietas son una gran ocasión de aprendizaje para el niño y nosotros somos su principal modelo de imitación. Para conseguir que un niño reaccione de una
forma determinada, primero será necesario mostrarle cómo hacerlo. Como suele decirse: “No te preocupes si tu hijo no te escucha. Te observa constantemente”. Si tu hijo de 2 años ha pegado o otro niño en el parque y está en pleno berrinche, podemos decirle de buenas maneras, que eso no se hace y pedirle perdón amablemente en su nombre a la madre y al niño. Aunque parezca increíble, le estás enseñando más así, que obligándole a decir “Perdón” si no lo siente. Lo mismo ocurre con el eterno “Hay que compartir”. Todos los padres casi exigen a sus hijos que compartan. Sin embargo, no veo ese mismo ímpetu a la
hora de hacerlo entre los adultos. Creo que éste es un ejemplo perfecto de que
enseñamos más con lo que hacemos
que con lo que decimos. ¿Tú dejas tu
coche con facilidad a alguien que
acabas de conocer? Entonces...
¿Por qué forzamos a los niños a que
ellos lo hagan y encima les tachamos
de ser malos si se niegan?

5.- Sé flexible.

Rosa Jové nos invita a reflexionar sobre esta frase ante las rabietas de los niños:
¿En cinco años esto importará?
Y es que en ciertas ocasiones somos los adultos los que nos ofuscamos con una
cosa y comenzamos una absurda lucha de poder. Si lo que pide el niño no es
peligroso y en cinco años no importará, ¿por qué no dejarle hacerlo? ¿Por qué no
puede ponerse unos zapatos de charol con un chándal? ¿Por qué no podemos
quedarnos 15 minutos más en el parque? ¿Qué pasa si no se baña un día? Por
supuesto, cada familia tiene sus normas y su forma de comportarse, pero conviene
recordar que, en esta etapa, los niños están aprendiendo a tomar sus propias
decisiones, y que les dejemos hacerlo les da seguridad. Por tanto, un poco de
flexibilidad ocasionalmente les viene bien tanto a ellos como a nosotros, que nos
ahorraremos entrar en una discusión, quizás, innecesaria.

6.- Distracción.

La distracción juega un papel muy importante dada la forma en la que los niños sienten las emociones (puras, intensas y del momento presente). Una vez que le ha quedado claro que sabemos lo que siente, que lo aceptamos y que estamos a su lado y le queremos podemos distraerlo con un juego que le guste, o
comenzando a cantar una canción que le guste con intención de que se una.
Hacer tonterías con los niños es maravilloso. Ver cómo sus ojos se iluminan, cómo entran en el juego, cómo aportan sus ideas, cómo se ríen. La imaginación es nuestras gran aliada para acompañar a nuestros hijos.

7.- Paciencia y cariño.

Este punto casi podría resumir todos los anteriores. Ahora veremos dos
herramientas muy prácticas para gestionar la rabia y la ira. Pero creo que todo lo que has leído hasta ahora puede resumirse en esto: Los niños necesitan sentirse queridos y respetados. Por supuesto que es necesario inculcarles ciertos límites de comportamiento. Pero si lo hacemos partiendo del ejemplo y del amor que les tenemos, nos será siempre mucho más fácil.

domingo, 1 de noviembre de 2015

La rebelión de la adolescencia

Cada tanto me topo con niños, niñas, jóvenes y adolescentes que caminan con cara de hastío, cargando con un desagrado mayúsculo y cada vez que me atrevo a preguntarles que les pasa la respuesta es siempre la misma "Mi Papá, Mi Mamá, Mis Papás, me obligan a hacer esto... y no me gusta"
Es cierto, a partir de los ocho o nueve años nuestros hijos entran en un aletargamiento digno de los osos hibernantes y eso no es azaroso, eso es producto de una de las tantas crisis que los seres humanos vivimos y no estoy con esto justificando que no los invitemos a moverse o a bañarse en algunos casos mas extremos, pero si me gustaría abogar por el respeto a la búsqueda de identidad y la importancia que tiene este proceso.

Siempre escucho y leo frases como "está tan desobediente" "está tan rebelde" "quiere hacer lo que le place" y la verdad es que ese es un proceso que si bien no nos podemos evitar, podemos hacer que sea menos desagradable e incluso, podemos llegar a disfrutarlo, si de seguro ahora mismo estan pensando "Cómo puedo disfrutar que mi hija no quiera ir a misa" "dónde está el goce en ver a mi hijo vestido así" y tantas otras cosas que de seguro se les vienen a la cabeza, pero calma, lo digo en serio cada proceso de nuestros hijos es en suma disfrutable y hasta podemos llegar a sentirnos muy orgullosos si sólo aprendemos a confiar en ellos y los apoyamos en su búsqueda.

Si cada día al levantarse le dices a tu hijo " peinate bien" " así no" " arreglate el pelo" pero no los dejamos EFECTIVAMENTE    hacerlo por ellos o no quedamos contentos hasta que se ve como a nosotros nos gusta, de seguro tendremos muchas discusiones y "batallas" a partir de los ocho años y creceran hasta el infinito en la adolescencia.
Podemos evitarlo, es simple pero a la vez es inmensamente complejo, basta con respetar a nuestros hijos y entender que se están formando con las herramientas que les dimos e incluso con las que no y que ellos están en una búsqueda compleja, no necesitan agregar a eso las batallas diarias.
Es posible empatizar con nuestros hijos, podemos hacer concesiones y permiter a nuestros hijos su propia búsqueda, acompañarles, guiarles y de seguro será mucho más grato. Pero como dije es complejo y es complejo porque nosotros mismos no estamos tan acostumbrados a ser respetados, no tenemos tan claro eso de la identidad propia y personal, nos hemos convertido mas bien en la parte nuestra que mas le agrada a los demás y no entendemos como nuestros hijos no se amoldan rápido  al que dirán, porque "qué  diran los demás  si vas vestido así" hemos sucumbido tanto y perdido tanto nuestra identidad que incluso nos preocupamos de qué pensarán  otras personas si nuestros hijos no se ven como queremos mostrarlos...
La vida no debe ser así, pasamos la mayor parte de nuestra vida adulta buscando ser aceptados y validados por quienes somos, muchas veces sin saber quiénes somos realmente pues no nos permitieron, en un principio, y no nos lo permitimos luego nosotros mismos...
Evitemos a nuestros hijos ese camino, permitamosles encontrarse en la edad que deben hacerlo que importa lo que los demás vean, crean ver, piensen u opinen si nosotros lo que haremos sera ayudar a nuestros hijos a ser felices, a encontrarse y poder disfrutar de la vida de manera mas plena.
Apoyemosles en su búsqueda y les aseguro que no tendremos "problemas de rebeldia" o "guerrillas internas" en casa.

Karla Piccardo
Mamá homeschooler.

jueves, 29 de octubre de 2015

Crianza consciente y armónica en el primer septenio de nuestros hijos

En los primeros 7 años de vida del niño se desarrollan 7 derechos naturales, que son básicos y fundamentales para su desarrollo posterior como adultos.




Lo cierto es que muchas veces nos preocupamos hasta la angustia por cosas complejas, que en realidad están muy alejadas de las necesidades reales de los niños, y luego fallamos en lo más básico.

El primer septenio de vida viene a ser la base a partir de la cual se constituirá el adulto futuro. Son unos años tan importantes en el desarrollo de un individuo, que dejan una huella imborrable.
De hecho, las carencias de cualquier tipo durante estos primeros años de vida van a repercutir enormemente en el desarrollo posterior de la persona.

Veamos cuáles son esos derechos básicos y sus consecuencias si no son bien satisfechos:

Durante el primer año de vida el niño tiene derecho a TENER. Y es preciso y necesario que tenga, por tanto hay que darle lo que pide, es decir: mamá, teta, brazos,…
En realidad lo que más necesita tener es contacto físico y emocional permanente con su mamá, y para esto ayuda mucho la crianza en brazos.
Si este derecho se reprime, de adulto va a necesitar todo el tiempo acumular cosas (a veces desesperadamente), que le servirán para crear una felicidad falsa, en un intento de llenar esa carencia primaria, ese vacío, que por otra parte, nunca ya podrá llenar.
Pero, ¿cuántos podemos decir que hemos sido criados en brazos? Y en cambio, ¿cuántos compradores/as compulsivos vagamos por el mundo?
Ni que decir sonre las adicciones, todas, tienen esta necesidad no cubierta como trasfondo.


En el segundo año de vida el niño tiene derecho a SENTIR. Necesita explorar, descubrir, experimentar por sí mismo ya que está desarrollando lo sensorial.
Por eso es muy importante dejarlo hacer, dejarlo sentir, que toque, que se lleve las cosas a la boca, que explore a su aire, sin sobreprotegerlo. Se trata de convertirnos en una mamá/papá observador.
Si lo sobreprotegemos, reprimimos su derecho natural a sentir, de adulto puede tener serios problemas de contacto en lo que se refiere a su sexualidad. Estará reprimido sexualmente, no habrá disfrute, llegando incluso a desarrollar trastornos sexuales.


El tercer año, el niño tiene derecho a HACER. Empieza a separarse emocionalmente de su mamá y a descubrir que es una persona independiente que puede hacer cosas, casi siempre querrá imitar lo que hacemos los adultos, querrá hacer las cosas solo, ayudar a mamá, cortar con el cuchillo,…
Es muy importante dejarle hacer. No importa si quiere llevar el plato de sopa hasta la mesa y seguro se le caerá, deja que lo haga, confía en él y díselo, dile: "Toma, sé que lo llevarás con cuidado, adelante, confío en que puedes hacerlo.
Si no le brindamos esta confianza, no podrá desarrollar su potencialidad, sus pulsiones, ese don que todos traemos al mundo y que si lo explotamos, nos dará la auténtica satisfacción o felicidad en nuestra vida.
En cambio, será un adulto lleno de miedos y límites, que probablemente se dedicará a otra cosa y no se atreverá a desarrollar lo que realmente siente ganas de hacer.
¡Ay! Cuántos casos de éstos hay por el mundo, personas que no nos atrevemos a hacer lo que en una parte profunda de nosotros mismos sentimos que queremos hacer, esta es probablemente la mayor represión de la sociedad de nuestro tiempo.


El cuarto año, el niño tiene derecho a AMAR y a SER AMADO. Es lo que podríamos definir como el derecho natural a dar y recibir.
Ya empieza a hacer las primeras amistades, a comprender los primeros vínculos reales. Ya puede ver al otro, y no sólo a él mismo, como hasta ahora, está superando esa fase egocéntrica tan característica de los primeros tres años y comienza a interactuar con el otro de verdad, entiende que en las relaciones hay un dar y un recibir.
En este momento necesita sentir muy especialmente (aunque en realidad esto debería ser una constante hasta la edad adulta) que recibe el amor incondicional por parte de sus padres.
Un niño no debe sentir nunca el rechazo de sus padres (o al menos de uno de los dos). Necesita saber que haga lo que haga, o diga lo que diga, su padre y su madre lo quieren, SIEMPRE y lo respetan.
Por eso si cuando tiene una rabieta, o hace algo mal hecho,( o lo que sea que pueda hacer un niño de cuatro años que nos moleste) le decimos cosas como "eres malo, ya no te quiero" o "si no haces esto mamá no te va a querer más" y un largo etcétera de barbaridades (he oído cosas mucho peores que me ponen los pelos de punta pero no las escribiré), la vivencia interna del niño será de desamparo, de abandono, de soledad emocional, no se sentirá comprendido, ni mucho menos querido.
Y por otra parte, cuántas mamás y papás hay que estamos agobiados con el día a día y no dedicamos a nuestros hijos quince minutos de presencia plena, de decir, estoy contigo al 100% de verdad (sin tener la cabeza en otro lado) y juego contigo, te abrazo, te mimo… Pues estos quince minutos (como mínimo), son la nutrición emocional que un niño necesita desesperadamente, así de sencillo.
Si no, ¿qué pasará de adulto? Como se pueden imaginar habrá problemas de vinculación, de repente se nos hará difícil tener una pareja estable, tendremos problemas para vincular con nuestros hijos, incluso con nosotros mismos y um largo etc… Y luego encima nos preguntaremos: ¿Por qué no soy capaz de construir una relación? ¿Por qué nunca me quedo satisfecho/a con esta persona si él/ella me quiere? ¿Por qué necesito más? ¿Por qué soy infiel?... En fin solo hay que echar un vistazo al mundo que nos rodea y sabrán bien de lo que hablo…


En el quinto año el niño tiene derecho a HABLAR y a COMUNICARSE.
La voz, lo que expresamos, nace en el cuello, y precisamente por eso decimos que el cuello es el puente entre el cuerpo y la mente.
En esta fase de su desarrollo el niño es pura expresión. Necesita decir las cosas. Si está enojado necesita gritar, porque existe una necesidad muy grande de expresar lo que siente en cada momento.
¿Qué pasará si reprimimos esta parte? Si le decimos continuamente que se calle, que no se queje, que obedezca, que no llore, que no grite, que no se enoje,… Lo que hacemos entonces es obligarlo a renunciar a su potencial, a su vitalidad, a su energía, a su forma de ver las cosas y es increíble pero muchos niños lo hacen, renuncian a esto, y ¿sabes por qué? Porque su necesidad de amor y aceptación por parte de sus padres (y de todos de los que dependen emocionalmente) es tan grande, que prefieren su propia muerte psicológica y emocional (suena fuerte, pero es real)
Entonces de adultos ¿qué pasará? No podremos expresar lo que sentimos, nos costará hablar de nosotros mismos, de nuestros sentimientos, de lo que queremos, incluso nos costará transmitir nuestras ideas.


En el sexto año el niño tiene derecho natural a VER.
Esto es a saber la verdad.
Debe ver el mundo tal cual es, necesita saber todo lo que pasa, no hay que mentirle, que vea todo cómo es, su complejidad y su belleza.
Sólo así se desarrollará una conciencia y una intuición muy poderosa cuando sea adulto, de lo contrario los encerramos en una burbuja de ilusión irreal, cargada además de desvitalización.Y cuando quieran salir el shock puede ser demasiado grande.


El séptimo año el niño tiene derecho a CONOCER. Es pura curiosidad y necesita explorar todas sus pulsiones naturales. Éste es un año mágico por varias cosas, pero entre ellas empieza a vislumbrarse cuál es su don, su potencialidad, lo que probablemente de adulto va a ser la fuente de su felicidad.
Los padres debemos estar muy atentos y conectados, puesto que las actividades que accione ahora, luego serán lo que le llene.
Si no, de adulto, solo habrá desconexión o como dice Leonardo Taub "inconsciencia pura".


Una sincronía interesante es la que se produce con otras teorías o prácticas, como la de los chakras y su alineación.



jueves, 15 de octubre de 2015

La autoestima de nuestros hijos y la importancia de ser honestos

Siempre escucho y leo a los expertos decir lo muy. Importante que es alentar y alabar a nuestros hijos, reforzarles constantemente lo buenos, inteligentes, guapos, vamos todas las virtudes del mundo y si, es muy bueno alentar a nuestros hijos, pero como en todo están los que exageran y hacen de algo sencillo algo complejo.
A ver... Vamos por partes...
Lo más importante que podemos hacer a la hora de educar a nuestros hijos es ser honestos y al decir que debemos ser honestos me refiero a la honestidad con cariño, hace años yo tenía una amiga a la que su mamá siempre le decía "Carolina, tu no eres linda, eres simpática por eso la gente te encuentra linda, pero tu punto fuerte es la simpatía" Vamos una madre honesta pero no de una manera amorosa, la verdad es que la madre de mi amiga bien podría haber alabado sólo la simpatía de su hija, sin atacar su belleza exterior, pero vamos ninguno nace sabiendo y menos los padres que para equivocarnos tenemos años...
Los niños creen todo lo que papá y mamá decimos y están segurisimos de que siempre decimos la verdad y he ahí la importancia de hacerlo, de ser honestos en nuestros alagos. Los niños pasan por varios períodos emocionales , físicos y psicológicos y uno de ellos quizás el más fuerte es la crisis de personalidad que sufren al rededor de los ocho años, a esa edad nuestros hijos empiezan a ver el mundo con sus ojos y a poner en duda y querer confirmar todo lo que de Mamá y Papá han aprendido y allí ellos son muy críticos y severos en sus juicios. Así pues si un chico al que siempre le hemos dicho "que bueno eres dibujando" cuándo en realidad no es ningún gran artista, pues a los s ocho años mirará sus dibujos los comparará y se dará cuenta que tal vez no era tan bueno... Y adivinen qué, descubrirá además que no puede confiar en nosotros porque le hemos mentido, se acercará tranquilo dibujara sin mucha gana y nos dirá " dime como quedó el dibujo" y comprobará sus temores ...

Es por eso que a los hijos se les habla con sinceridad y punto redondo, si es inteligente, basta por saber en qué es inteligente y alabar esas habilidades, que si el chico es un balazo en ciencias pero no da en arte se fustra y luego a los 8 años cuando comienza a cuestionar la autoridad y lo conocido pues dice "me mintieron" si tu hija es buena en mates pero no le pegan las letras pues lo mismo.... A los hijos la verdad... "Eres muy buena en mates" " que agilidad para los deportes" " que bien dibujas"  la verdad nunca exagera, no dice menos y nos ayuda a ser confiables ante sus ojos...
Y ser personas confiables y creíbles para nuestros hijos es muy importante, porque cuando no sepan a quién recurrir, cuando estén confundidos buscaran o les daremos nuestra opinión y consejo y ellos necesitan saber que nos pueden creer.

Es que es tan distinto apoyar y dar valor a sus cualidades que alabar de manera artificial que eso también merma su autoestima y de una manera mucho más dolorosa pues somos sus referentes de honestidad y si vivimos diciéndoles que tienen cualidades que no tienen realmente, pues fallamos, es mejor y más sano alabar las habilidades y cualidades que si tienen y alabar el esfuerzo, el tezon y la persistencia en desarrollar las  habilidades que no poseen pero si cultivan...
Alabemos a nuestros hijos, amemosles e instemoslos a seguir siempre pero hagamoslo de manera honesta y amorosa.

Mamá Homeschooler
Karla Piccardo.

lunes, 5 de octubre de 2015

¿Qué es la inteligencia emocional?

Existen muchas definiciones con matices diferentes. Diversos autores han dado diversas definiciones , según el aspecto que para ellos tiene más importancia.

Según Antonio Damasio "Las emociones se representan en el teatro del cuerpo"

En este caso las emociones tienen a ver con el cuerpo. Son respuestas biológicas ante estímulos externos. Por ejemplo, cuando se ve un accidente, biológicamente, el cuerpo reacciona. "Siento algo diferente ante cada una de las situaciones concretas".

Según Josep Toll, la inteligencia emocional es la capacidad de identificar, utilizar, comprender y gestionar las emociones propias, las de los demás e incluso las que sugieren ambientes, situaciones, creaciones, etc.
No obstante, las capacidades de utilizar y gestionar pueden dar pie a confundirse entre ellas.
Por eso tal vez ayude una definición de cada una de ellas:

Identificación: saber captar y nombrar las emociones y los estados de ánimo propios, ajenos y del entorno a partir de sus señales fisiológicas, de sus mensajes no verbales y de las sensaciones sutiles.

Utilización: saber establecer correspondencias entre emociones y situaciones, e incluso saber generar de manera espontánea en uno mismo y en los demás las emociones más apropiadas según las situaciones.

Comprensión: saber entender las causas de las emociones, saber explicar la relación causa y emoción y, en consecuencia, saber prever las posibles reacciones ante una determinada emoción.

Gestión: saber recoger toda la información emocional (abertura interior y exterior), integrarla con el pensamiento y, en consecuencia, manejarla para la toma de decisiones y el planteamiento de estrategias.

Al igual que Josep Toll creo que es básico el tema de la gestión de las emociones.
Se puede reconocer una emoción, pero es más importante saber qué hacer con ella. Se trata de realizar una mirada hacia dentro y plantear como canalizamod la emoción que sentimos ¿Qué puedo hacer con la rabia que siento en un momento concreto, con la agresividad que siento cuando..?

Las emociones son energía que hay que canalizar y es por eso que nos deberíamos de dar permiso para decir como nos sentimos en momentos de conflicto, en momentos de alegría, de preocupación.
Cuando sentimos rabia y no la canalizamos, esta se queda dentro nuestro y posiblemente la somatizaremos en forma de dolor de vientre, problemas de asma, o bien la descargaremos contra otras personas que, nada tienen que ver con la causa de nuestra rabia. Todas estas emociones "negativas" rábia, agresividad, etc, hay que canalizarlas de manera positiva y constructiva.

Cuando una persona es capaz de gestionar sus propias emociones es cuando podemos decir que es una persona inteligente emocionalmente.

Y esta inteligencia emocional también hemos de educarla desde los primeros años de la vida del niño.

Poseer inteligencia emocional fomenta las relaciones con los demás y con uno mismo, mejora el aprendizaje, facilita la resolución de problemas y favorece el bienestar personal y social.

martes, 22 de septiembre de 2015

"Inhala" y "Exhala" Tiempo entre tú y yo...

¿Cuánto tiempo pasas verdaderamente con tus hijos? ¿Cuáles son las actividades que realizas mientras estás con ellos?
Esta reflexión inspirada en el método waldorf probablemente te haga ver las cosas desde otra perspectiva...

Cuando tenemos hijos pequeños uno se siente cansado, duerme poco y tiene, en consecuencia, muy poca energía. Esto genera, con frecuencia, que flaqueemos en situaciones en las que no deberíamos ceder, o que nos gane el enojo y la irritación, lo que motiva que dejemos de estar presentes, y cuando uno no está presente los niños se salen del carril y además no  nos sentimos bien con nosotros mismos. Para facilitarnos la vida diaria con niños pequeños es útil considerar tres aspectos: ser flexibles, establecer límites y llevar la misma rutina todos los días.

Llegar a ser flexibles es el resultado de la observación interior objetiva. Es posible ejercitar la flexibilidad mediante un trabajo interno que implique el aprender sobre nosotros mismos.
En relación con los límites es necesario que cada quien los defina y establezca qué es lo que se permite a los niños en casa: la hora de ir a dormir, la hora de comer, qué comer, qué palabras se usan en familia y cuáles no, etc. Es importante definir previamente los límites para que en lugar de decir "esto no", "aquello tampoco", "eso menos" y llegar al enojo, uno simplemente no les permite a los niños rebasar los límites y así no es necesario enojarse. Si nos adelantamos al niño y vemos venir una situación, podemos alejar esa situación con humor y el gesto o la palabra correctos, y esto sólo será posible si se ejercita la flexibilidad. Conocernos más interiormente nos da la posibilidad de adelantarnos también a nosotros mismos y cuando se es hábil en el manejo de esta herramienta uno puede comenzar a trabajar con los hijos de una manera más libre, gracias a que los límites han quedado establecidos.

La tercera recomendación que menciono arriba es hacer una rutina, la misma para cada día, eso le da ritmo al niño.
En el sistema Waldorf  los niños viven a lo largo del día períodos alternados de concentración y expansión, como si fuera un ritmo respiratorio en el que hay inhalación y exhalación.
En la fase de inhalación el niño dirige su atención hacia una actividad que, básicamente, lo relaciona consigo mismo. Para los niños pequeños cada período de inhalación (dibujar, pintar acuarela, tejer, comer, etc.) debe durar poco, porque los niños pequeños pueden concentrarse solo por períodos cortos de tiempo. En la fase de exhalación el niño se relaciona principalmente con su entorno (juego libre, correr libremente, etc).
Por cada período de inhalación el niño necesita uno de exhalación y así se establece un patrón. Este ritmo es algo que podemos llevar a casa. Tenemos que averiguar cuáles de las actividades o momentos que se viven en casa son actividades donde el niño "inhala" y en cuáles el niño "exhala" y cuando el niño está en un período de inhalación, hay que, asegurarnos de estar presentes para él de tal manera que el niño sepa que efectivamente estamos ahí para él.
Tras lo cual, por corto tiempo, podemos dedicarnos a nuestras tareas o pendientes en casa y podemos decirle al niño: "Espera un momento porque necesito hacer tal cosa". Esto está bien, porque sabemos que ya hemos estado presentes con el niño.
Revisemos alguna situación común por ejemplo cuando los padres recogen a sus hijos del Jardín de Niños... en el preciso momento que estamos recibiendo al niño, suena el celular ¿contestamos? ¿saludamos a las otras mamás y nos involucramos en una conversación larga o intensa? Si es así entonces no estamos presentes para el niño. He visto a muy pocos padres que realmente saluden a los niños, la mayoría habla con otros adultos, atiende asuntos de la escuela, habla por el celular o llega tarde y con prisa. Sin embargo, para el niño que ha estado lejos de su mamá o papá durante cinco horas y que realmente los necesita, los quiere…. ellos no están ahí, así que el niño grita "¡Quiero helado!", "¡Quiero esto o aquello! o comienza a correr alrededor o a caerse o se involucra en algún pequeño conflicto porque está confundido, porque no se ha reunido realmente con su mamá o papá. A diferencia de si nos tomamos el tiempo (y quizá no se necesiten más de cinco segundos), nos inclinamos y le damos un abrazo y lo olemos  (mmh, ¡qué agradable!) y realmente estamos ahí, sus ojos nos dirán más que las palabras cómo estuvo su día. No puede decírnoslo con palabras porque, a su edad, no puede recordar, pero sus ojos nos lo dirán todo. Después tomamos su manito y caminamos juntos (a un paso que el niño pueda seguir) y esto es maravilloso porque estamos creando una nueva situación positiva, un "momento de tú y yo" . Después de eso, si es necesario saludar a la gente, podemos hacerlo brevemente, pero junto con el niño, de modo que él sienta "Estoy donde pertenezco, con mi mamá (o papá)." Ésta es pues, una situación de inhalación  en la que si estuvimos presentes.

Luego, nos vamos al auto y a casa (exhalación) y  quizá sea ya la hora de comer, que nos trae el siguiente momento de inhalación ¿Cómo es ese momento? ¿Nos sentamos a comer junto con el niño? ¿O está el niño sentado solo mientras nosotros caminamos al tiempo que hablamos por teléfono? Si nos damos el tiempo para sentarnos con el niño, podremos enseñarle modales en la mesa mediante el ejemplo. Actualmente muchos niños no se sientan con sus padres a la mesa y no aprenden a tomar una cuchara o un cuchillo de manera apropiado. Esto es importante porque si no se hace, cuando cumplan siete años no podrán tomar el lápiz adecuadamente y aprender a hacerlo a esa edad es mucho más difícil que a la edad de uno o dos años. Además, sentarse a la mesa y tener un proceso que tiene un inicio, un desarrollo y un final es importante porque los procesos de la vida así son, tienen un inicio, un desarrollo y un final. Pero si andamos por ahí, nos sentamos a la mesa por momentos y nos levantamos cuando nos plazca, no estamos enseñando al niño nada de esto. Quizá no nos tome más de diez o quince minutos sentarnos apropiadamente, verificar que el niño está tomando adecuadamente el vaso y bebiendo de él (los niños de más de un año no necesitan usar un vaso entrenador) y que está tomando la cuchara adecuadamente. Al comer nosotros masticamos con la boca cerrada, comemos lo que está servido, etc., con lo cual estamos siendo ejemplo para nuestros hijos y más importante todavía, nos hemos tomado un tiempo para crear nuevamente un "momento de tú y yo" además de ayudar al niño a encontrar una forma social sobre cómo nos comportamos cuando comemos juntos. Cuando terminamos de comer le recordamos al niño que tiene que ayudar a recoger la mesa y así aprende que cuando él es parte de una situación social, también debe participar del momento de la limpieza. Haciendo todo esto hemos creado una situación en la que hemos estado presentes y ahora podemos decir al niño "Ve y juega" (exhalación) porque ya hemos estado ahí para él y ahora podemos atender nuestras tareas de adulto, siempre dentro del campo de visión del niño. Esto último es importante porque un niño pequeño no puede jugar por sí solo si el centro no está ahí y nosotros, mamás o papás, somos la persona más importante para el niño, somos su centro, así que si salimos de la habitación donde él está nos va a seguir.

Puede suceder que, mientras uno está atendiendo sus propios asuntos, el niño se acerque y diga "Estoy aburrido". En este caso, por supuesto, no encendemos la televisión ni le ponemos una película,  ni caricaturas, ni música grabada. En esos momentos es válido decir "Ve a jugar tú solo". Si sabemos que hemos estado realmente presentes podemos esperar que ellos encuentren qué hacer consigo mismos. Es muy importante no tener temor de que nuestros hijos no sepan qué hacer o estén aburridos. Es fundamental sentir que eso está bien: He estado presente con mi hijo o hija, ahora él o ella puede estar consigo mismo. Actualmente los padres de familia ofrecen a menudo a sus hijos los medios electrónicos o los involucran en actividades dirigidas por adultos porque temen que sus niños se aburran y dan por hecho que éstos no saben qué hacer consigo mismos. Esta es una situación engañosa porque si creemos que nosotros como padres tenemos que entretener a los hijos menores de siete años todo el tiempo con medios electrónicos de entretenimiento (películas, televisión, videojuegos, etc.), o con clases por la tarde u otras actividades dirigidos por adultos, entonces los niños no aprenden a jugar por si solos, no tendrán un momento en el que puedan experimentar el estado de no saber qué hacer para desde ahí avanzar a un estado en el que puedan encontrar imágenes interiores y así crear cosas desde dentro. Así que, al permitir que los niños se aburran, les estamos ayudando, porque estar aburridos les da la oportunidad de involucrarse en un proceso de creatividad interna. El hecho de que los niños puedan estar consigo mismos y puedan crear su propio juego sin  la dirección de un adulto es de gran importancia, porque durante los primeros siete años de vida todo se trata sobre ser capaces de crear.

Si todas las actividades que los niños hacen vienen de fuera (pantallas electrónicas, videojuegos, dirección adulta, etc.) entonces no pasa mucho en el ámbito de la creación interna. Por ello, en los Jardines de Niños Waldorf, las maestras no se sientan a jugar con los niños, sino que hacen trabajo real necesario en el salón o el área exterior, del cual los niños toman inspiración para su propio juego. En este tipo de Jardines de Niños veremos a maestras barriendo, cocinando, cosiendo, ocupándose del huerto de hortalizas, cuidando animales de granja, cortando madera o cualquier cosa que el entorno e instalaciones particulares de cada escuela permita hacer. Igualmente uno, como mamá o papá, en la fase de exhalación, puede hacer su trabajo y los niños el suyo, es decir, jugar. Esto es posible sólo cuando los niños sienten que se han encontrado verdaderamente con su mamá o papá en una fase previa de inhalación.

Lo mismo pasa cuando los niños se van a la cama por la noche. Lo que los niños aman escuchar son historias de la vida de su mamá o papá. Ni los libros, ni la radio, ni la música, ni las películas o caricaturas tiene el mismo impacto en el niño que escucha a su mamá o papá. Encontrar la propia historia para contar significa tanto y es, además, una herramienta con la que puede uno cambiar situaciones que están atoradas. Es muy difícil para los niños soltar a su mamá o papá si sienten que éstos no han estado presentes, pero si hemos abrazado al niño, le hemos soplado suavemente en su orejita, le hemos contado alguna historia desde el corazón, entonces realmente hemos estado ahí, entonces es posible darle un beso y acostarlo y sentir que hemos estado presentes. Solo así podemos esperar que el niño, duerma sin nuestra compañía y no tema dormir solo.

Muchos padres llegan a situaciones en las que tienen que estar tomando la mano de su hijo o hija, tienen que acostarse a su lado, tienen que leer veinte historias, cantar cincuenta canciones… y todo esto toma una, una y media o hasta dos horas y cuando por fin salen con sigilo de la habitación, escuchan: ¡Mami, quiero agua! Entonces es un estado terrible en el que quieren matar al niño. Es posible evitar esto estableciendo los límites y encontrando la manera para sentir que es razonable dejar al niño consigo mismo porque hemos estado presentes en diversas situaciones a lo largo del día. De otra manera, si no ha habido "momentos de tú y yo" con los que el niño se llene suficientemente del amor de sus padres y si, además, no se le ha dado oportunidad de jugar por sí solo, de trabajar desde dentro, no se debe esperar que pueda dormir por sí solo.

Hay otro aspecto tocante al tiempo que pasan los padres con los niños sobre el que me gustaría llamar la atención. Si llevamos a los niños de clase en clase o los entregamos a los medios electrónicos en sus muy diversas formas para que los mantengan "ocupados", entonces pasamos menos tiempo con los niños. Pero los niños son pequeños por muy corto tiempo. En el momento en que los son podemos pensar que es un tiempo que durará mucho, pero en menos de lo que canta un gallo veremos que ha quedado atrás. Si dejamos a los niños involucrarse en su propio juego estando nosotros cerca mientras atendemos nuestras propias tareas, si al acabar nos unimos a ellos y su juego y si estamos realmente presentes en las situaciones de "inhalación" ahondaremos la confianza, que ya existe, del niño hacia nosotros. Esta confianza será muy importante el día de mañana cuando lleguen a la prepubertad y a la pubertad, porque será la que los acercará a nosotros, sus padres, cuando tengan problemas o será la que los llevará a oírnos cuando les digamos qué hacer y qué no hacer. Harán esto sólo si confían en nosotros, si hemos estado ahí para ellos, de lo contrario los hijos no vendrán a nosotros y emergerá un sin número de problemas. Por eso es que los primeros siete años del niño son tan importantes, porque esa confianza plena, ese creer que el mundo es bueno es la base de su vida futura.
Después de esos primeros siete años uno ya no tiene mucho que decir si no ha sido participe de los primeros mome tos importantes en la vida, alli pues son los amigos los que toman importancia y su elección de amistades tiene mucho que ver con los principios morales que les hemos enseñado y hemos construido con ellos a lo largo de esos primeros siete años. Además, si a los niños se les da oportunidad de trabajar desde dentro, se conocerán a sí mismos y serán capaces de decir "No" cuando se topen con algo que no les guste y decir "Sí" a lo que si quieren. Uno es capaz de hacer una elección si se conoce a sí mismo, y un ser humano que puede hacer una elección tiene una autoestima sana.

En este contexto es de cierta manera, un poco difícil para las familias  que escogieron educar en el metodo Waldorf porque hemos escogido un camino difícil porque se dirá "no" a lo que es considerado como normal y esto significa que emergerán muchas situaciones en las que somos diferentes de los demás, pero hemos hecho una elección. No podemos estar con un pie en un lado y el otro pie en el otro; a veces quisiéramos, pero no es posible. Una vez que se ha tomado este camino, el de actuar con conciencia, entonces uno se fija en la comida, en los tiempos adecuados (en qué momento hago qué con mi hijo), en la crianza, en todo.
Créanme son años de duro trabajo y dedicación a nuestros hijos pero el resultado es fantástico porque podemoso ver cómo ellos pueden salir a la vida con libertad y sabiduría porque ya no nos necesitarán, pero nos amarán  y les gustará  estar con nosotros y a sus amigos también. Este es, creo yo, el anhelo más elevado que deseamos como padres: que cuando nuestros hijos sean adultos, por momentos, ellos escojan libremente estar con nosotros. Podemos descubrir con nuestros hijos una nueva forma de relación social porque tenemos una conciencia diferente que nos permitirá encontrarnos con ellos de mejor manera.