jueves, 29 de octubre de 2015

Crianza consciente y armónica en el primer septenio de nuestros hijos

En los primeros 7 años de vida del niño se desarrollan 7 derechos naturales, que son básicos y fundamentales para su desarrollo posterior como adultos.




Lo cierto es que muchas veces nos preocupamos hasta la angustia por cosas complejas, que en realidad están muy alejadas de las necesidades reales de los niños, y luego fallamos en lo más básico.

El primer septenio de vida viene a ser la base a partir de la cual se constituirá el adulto futuro. Son unos años tan importantes en el desarrollo de un individuo, que dejan una huella imborrable.
De hecho, las carencias de cualquier tipo durante estos primeros años de vida van a repercutir enormemente en el desarrollo posterior de la persona.

Veamos cuáles son esos derechos básicos y sus consecuencias si no son bien satisfechos:

Durante el primer año de vida el niño tiene derecho a TENER. Y es preciso y necesario que tenga, por tanto hay que darle lo que pide, es decir: mamá, teta, brazos,…
En realidad lo que más necesita tener es contacto físico y emocional permanente con su mamá, y para esto ayuda mucho la crianza en brazos.
Si este derecho se reprime, de adulto va a necesitar todo el tiempo acumular cosas (a veces desesperadamente), que le servirán para crear una felicidad falsa, en un intento de llenar esa carencia primaria, ese vacío, que por otra parte, nunca ya podrá llenar.
Pero, ¿cuántos podemos decir que hemos sido criados en brazos? Y en cambio, ¿cuántos compradores/as compulsivos vagamos por el mundo?
Ni que decir sonre las adicciones, todas, tienen esta necesidad no cubierta como trasfondo.


En el segundo año de vida el niño tiene derecho a SENTIR. Necesita explorar, descubrir, experimentar por sí mismo ya que está desarrollando lo sensorial.
Por eso es muy importante dejarlo hacer, dejarlo sentir, que toque, que se lleve las cosas a la boca, que explore a su aire, sin sobreprotegerlo. Se trata de convertirnos en una mamá/papá observador.
Si lo sobreprotegemos, reprimimos su derecho natural a sentir, de adulto puede tener serios problemas de contacto en lo que se refiere a su sexualidad. Estará reprimido sexualmente, no habrá disfrute, llegando incluso a desarrollar trastornos sexuales.


El tercer año, el niño tiene derecho a HACER. Empieza a separarse emocionalmente de su mamá y a descubrir que es una persona independiente que puede hacer cosas, casi siempre querrá imitar lo que hacemos los adultos, querrá hacer las cosas solo, ayudar a mamá, cortar con el cuchillo,…
Es muy importante dejarle hacer. No importa si quiere llevar el plato de sopa hasta la mesa y seguro se le caerá, deja que lo haga, confía en él y díselo, dile: "Toma, sé que lo llevarás con cuidado, adelante, confío en que puedes hacerlo.
Si no le brindamos esta confianza, no podrá desarrollar su potencialidad, sus pulsiones, ese don que todos traemos al mundo y que si lo explotamos, nos dará la auténtica satisfacción o felicidad en nuestra vida.
En cambio, será un adulto lleno de miedos y límites, que probablemente se dedicará a otra cosa y no se atreverá a desarrollar lo que realmente siente ganas de hacer.
¡Ay! Cuántos casos de éstos hay por el mundo, personas que no nos atrevemos a hacer lo que en una parte profunda de nosotros mismos sentimos que queremos hacer, esta es probablemente la mayor represión de la sociedad de nuestro tiempo.


El cuarto año, el niño tiene derecho a AMAR y a SER AMADO. Es lo que podríamos definir como el derecho natural a dar y recibir.
Ya empieza a hacer las primeras amistades, a comprender los primeros vínculos reales. Ya puede ver al otro, y no sólo a él mismo, como hasta ahora, está superando esa fase egocéntrica tan característica de los primeros tres años y comienza a interactuar con el otro de verdad, entiende que en las relaciones hay un dar y un recibir.
En este momento necesita sentir muy especialmente (aunque en realidad esto debería ser una constante hasta la edad adulta) que recibe el amor incondicional por parte de sus padres.
Un niño no debe sentir nunca el rechazo de sus padres (o al menos de uno de los dos). Necesita saber que haga lo que haga, o diga lo que diga, su padre y su madre lo quieren, SIEMPRE y lo respetan.
Por eso si cuando tiene una rabieta, o hace algo mal hecho,( o lo que sea que pueda hacer un niño de cuatro años que nos moleste) le decimos cosas como "eres malo, ya no te quiero" o "si no haces esto mamá no te va a querer más" y un largo etcétera de barbaridades (he oído cosas mucho peores que me ponen los pelos de punta pero no las escribiré), la vivencia interna del niño será de desamparo, de abandono, de soledad emocional, no se sentirá comprendido, ni mucho menos querido.
Y por otra parte, cuántas mamás y papás hay que estamos agobiados con el día a día y no dedicamos a nuestros hijos quince minutos de presencia plena, de decir, estoy contigo al 100% de verdad (sin tener la cabeza en otro lado) y juego contigo, te abrazo, te mimo… Pues estos quince minutos (como mínimo), son la nutrición emocional que un niño necesita desesperadamente, así de sencillo.
Si no, ¿qué pasará de adulto? Como se pueden imaginar habrá problemas de vinculación, de repente se nos hará difícil tener una pareja estable, tendremos problemas para vincular con nuestros hijos, incluso con nosotros mismos y um largo etc… Y luego encima nos preguntaremos: ¿Por qué no soy capaz de construir una relación? ¿Por qué nunca me quedo satisfecho/a con esta persona si él/ella me quiere? ¿Por qué necesito más? ¿Por qué soy infiel?... En fin solo hay que echar un vistazo al mundo que nos rodea y sabrán bien de lo que hablo…


En el quinto año el niño tiene derecho a HABLAR y a COMUNICARSE.
La voz, lo que expresamos, nace en el cuello, y precisamente por eso decimos que el cuello es el puente entre el cuerpo y la mente.
En esta fase de su desarrollo el niño es pura expresión. Necesita decir las cosas. Si está enojado necesita gritar, porque existe una necesidad muy grande de expresar lo que siente en cada momento.
¿Qué pasará si reprimimos esta parte? Si le decimos continuamente que se calle, que no se queje, que obedezca, que no llore, que no grite, que no se enoje,… Lo que hacemos entonces es obligarlo a renunciar a su potencial, a su vitalidad, a su energía, a su forma de ver las cosas y es increíble pero muchos niños lo hacen, renuncian a esto, y ¿sabes por qué? Porque su necesidad de amor y aceptación por parte de sus padres (y de todos de los que dependen emocionalmente) es tan grande, que prefieren su propia muerte psicológica y emocional (suena fuerte, pero es real)
Entonces de adultos ¿qué pasará? No podremos expresar lo que sentimos, nos costará hablar de nosotros mismos, de nuestros sentimientos, de lo que queremos, incluso nos costará transmitir nuestras ideas.


En el sexto año el niño tiene derecho natural a VER.
Esto es a saber la verdad.
Debe ver el mundo tal cual es, necesita saber todo lo que pasa, no hay que mentirle, que vea todo cómo es, su complejidad y su belleza.
Sólo así se desarrollará una conciencia y una intuición muy poderosa cuando sea adulto, de lo contrario los encerramos en una burbuja de ilusión irreal, cargada además de desvitalización.Y cuando quieran salir el shock puede ser demasiado grande.


El séptimo año el niño tiene derecho a CONOCER. Es pura curiosidad y necesita explorar todas sus pulsiones naturales. Éste es un año mágico por varias cosas, pero entre ellas empieza a vislumbrarse cuál es su don, su potencialidad, lo que probablemente de adulto va a ser la fuente de su felicidad.
Los padres debemos estar muy atentos y conectados, puesto que las actividades que accione ahora, luego serán lo que le llene.
Si no, de adulto, solo habrá desconexión o como dice Leonardo Taub "inconsciencia pura".


Una sincronía interesante es la que se produce con otras teorías o prácticas, como la de los chakras y su alineación.