lunes, 9 de noviembre de 2015

Una mentira ancestral

Se acerca Navidad y con ella llega para muchos niños la ilusión de que Santa, Papá Noel o como le conocemos acá en Chile el "Viejito Pascuero" traiga algún regalo, ese tan especial que han esperado por mucho o tal vez uno más.
Año a año los padres y madres de todas partes del mundo nos desvivimos por entregar a nuestros hijos esa ilusión para Navidad, les ayudamos y alentamos a escribir una carta, les contamos aobre como es la casa, el taller, lo rapido que vuela, incluso hay una aplicación para seguirle via online y ver en "tiempo real" por donde va pasando, es más  existe una marca de bebida gaseosa que nos permite una "llamada en vivo" entre su propaganda en donde Santa saluda a nuestro peque por su nombre...
Alimentamos su ilusión a diario, incluso conozco familias que le usan de chantaje
" Come todo o Santa no vendrá " " Santa no trae regalos a los niños porfiados" ; Pasamos años de nuestra vida tratando de mantener esa ilusión y nuestros hijos pasan años de su vida creyendo absolutamente en su existencia, muchas noches ansiosos esperando su llegada y semanas de ilusión esperando verlo...

Pero llega un día en el que por alguna razón alguien, algún amigo, un compañero del curso, una profesora, su mejor amiguita o incluso nosostros mismos contamos "LA VERDAD"  esa dolorosa verdad.
Pero tras eso que hacemos los padres por costumbre, porque estamos seguros de que es lo mejor tal vez se esconde un hecho horroroso y es que es quizás un acto de absoluta crueldad  ilusionar a nuestros hijos para luego decirles que les mentimos, que somos expertos engañando y que todas esas veces, la risa, los regalos, la leche y las galletas, los caramelos en la bota todo absolutamente todo lo hicimos nosotros.

Y no digo que sea malo de manera antojadiza, es más yo misma llevo semanas pensando en esto y haciendo un trabajo profundo por conectar a mi niña,  por recordar mi infancia y ese exacto momento...

Todo partió hace tres meses atrás un día en el que conversaba con mis hijas y sus amigos, uno de ellos, Matias, me dice:

-"¿Tía y usted le va a decir a Antaro que existe el Viejito Pascuero?
(Antaro es mi hijo pequeño, tiene un año y siete meses y esta sería su primera Navidad conociendo a Santa)
Yo claro, consecuente con mi entorno, jamás he cuestionado si quiera que hubiese otra posibilidad, entonces le respondí
-" Claro, este año tendrá su primera foto en la aldea con Santa y sus duendecillos"

- ¡Que cruuuuel! - me sorprendió.

A lo que todos los niños presentes se sumaron con un rotundo ¡siiiii!
Incluso mis hijas!!!!
Tan sorprendida quedé que inmediatamente pregunté por qué y sus respuestas me dieron mucho, muchísimo a pensar.

- Mamá yo sufrí mucho cuando me enteré de la verdad - me dice mi Bailarina - Me dio mucha pena que no existiera.
- Siiii, para mí fue triste también - añadió Matias - Es que uno se ilusiona y es como que ese día a uno le matan la infancia.
- A mí,  a mí me dio pena y lloré como tres días ¡y eso que yo no lloró! - Me contó Pedro, que tiene 7 años y se enteró la Navidad pasada.
- Para mí lo más triste fue que todos mis amigos sabían menos yo y me sentí tonta por creerles a ti y a Papá y me dolió que me mintieran -Me destrozó mi Gatita.
- A mi no me dolió tanto, total los adultos siempre mienten y eso era otra mentira más - Me dijo Viviana.

- ¿Pero no lo disfrutaron mientras fueron niños? ¿Tan malo fue?
- Siiiii - gritaron a coro- Es que mientras dura es bonito pero cuando uno sabe la verad es tan triste y duele tanto que de verdad uno siente que le matan la inocencia y la infancia - hablaron todos.

Fue terrible,  de verdad que para mi fue muy doloroso descubrir y escuchar a una de mis hijas decirme que la había dañado y a un nivel muy profundo...
Es  cierto que para ella la verdad y el saberla es una cuestión importante en su día a día pero jamás imaginé que mantenerle una ilusión fuera malo.

La conversación siguio por el camino lógico y les pregunte qué hubiesen preferido ellos, me dijieron que hubiesen preferido la verdad, que saber que los papás compran los regalos les da mas valor que si los regala Santa porque si el juguete se rompia ellos pensaban " No importa le pido otro para la próxima Navidad" en cambio si hubiesen sabido que se los regalaban los papás los habrian cuidado más, Matias me contó que su abuelo le regalo una Pelota gigante cuando el tenía seis años y la pelota se rompió pues él jugaba brusco porque no le había gustado el color, en el transcurso del año su abuelo murió y si él hubiera sabido que ese regalo era de su abuelo y no de Santa lo habría cuidado más y tendría el ultimo regalo de su abuelo...

Fueron muchas las cosas, historias y anécdotas de esa tarde pero lo que más me quedó fue eso, en este tiempo he tratado de recordar como fue cuando descubrí la verdad...
Fue en el colegio, mis compañeritas se rieron de mí porque yo "era chica y todavía creía en el Viejito Pascuero" lloré en silencio porque tenía la esperanza de que fuera un error, de que estuvieran equivocadas... Pero no fue así, espié  a mi madre y la descubrí  entrando la bicicleta de esa navidad.

Y es que ya no sé que dicerle a mi hijo no sé si decirle que Santa no es una persona real sino más bien definirlo como la alegoría del espíritu de la Navidad, contarle que somos nosotros todos los que le queremos quienes le entregaremos regalos y que si, que existe un Viejito Pascuero, que existe dentro de cada uno y que cualquiera puede ser un Viejito Pascuero que podemos entregar regalos a niños que tengan menos o compartir una cena de navidad con alguna familia que no pueda costearla y obvio le enseñaré que la Navidad se trata de amor y de estar con nuestros seres queridos.
O tal vez si, tal vez ahora que no habrá colegio ni demasiada influencia externa sea posible que su transición sea más suave, más linda y mas natural...

Ya les contaré como me va con eso y con el ratón de los dientes y el conejo de pascua.... Que de esos supongo que también habrá que replantear algo...

Karla Piccardo
Mamá Homeschooler.