lunes, 30 de noviembre de 2015

Cómo cambiar el "No" por un "Si"





A lo largo de mis años siendo mamá me he dado de que los "No" no suelen gustarle a los niños, y eso es porque enfrentamos su decisión de hacer algo que para ellos tiene un interés especial (su curiosidad les hace querer hacer o tocar cosas sin pensar en las posibles consecuencias que a nosotros nos invaden al momento) y también me di cuenta de que después del "No" no tiene por qué venir otro "No" más enérgico, ni muchisimo menos un castigo, o un cachete, sino lo que se puede hacer y suele funcionar de mejor manera es decirle "Sí". Algo asi como que si nuestros peques pudiesen expresarlo, nos dirían  "Mamá, papá, no me digáis sólo lo que no puedo hacer, díganme también lo que sí puedo hacer".

Veamos como llevarlo a la práctica...
imaginemos que nuestro hijo está haciendo algo que es peligroso o algo que en según qué lugares le dejaríamos hacer, pero en según qué otros, no. (Porque si vives en el campo o estás de vacaciones, gritar, chillar, cantar y saltar es algo normal y parte del juego de la libertad, pero si estás en un departamento y son las diez de la noche, o si estás en un hospital o un lugar donde se requiere silencio, pues no se puede) entonces le dicimos que "No", que no haga eso y le explicamos la razón:
"te puedes hacer daño", "estás molestando a la gente", "otro día no podremos venir", "no puedes tocarlo porque no es nuestro", etc. Puede suceder que nos haga caso pero, si hablamos de niños pequeños, que aún no entienden del todo el significado del no, o las razones del porqué, lo más probable es que no nos hagan caso y sigan haciendo lo mismo que estaban haciendo.
Entonces es cuando ya viene el "NO", ese tan tajante que ya nos pones serios, fruncimos el ceño y buscamos que la acción se detenga porque no hay lugar a la negociación. ¿Funciona? A veces sí, a veces no.
Seguro que muchas veces han empezado con el "No", luego con el "NO" siguiente y terminan dándose cuenta de que no consiguen mucho. Seguro que han visto a otros padres y madres igual, cansados de decir "No" y "NO", sin lograr demasiado.
Tan inmersos en la espiral de negatividad en la que después de un "No" y un "NO" debe venir algo más y que en la mejor de las veces lo único que hay es un "No" tras otro. Y terminamos viendo al niño con el padre detrás, como si fuera un guardaespaldas, vigilando, no  sólo al niño, sino a todo lo que rodea al niño, para que no rompa nada, no le caiga nada encima y no haga nada de lo que haya luego que arrepentirse.
En ese momento no estamos hablando de un padre educador, sino de un vigilante reductor de daños y suena tan mal como tiene que sonar... Me explico, no pasa nada si les seguimos el juego a nuestros hijos, cuando no hay peligros que se nos puedan escapar. Los niños pueden marcar muchas veces las reglas y no hay mayor problema en ello. Ceder nosotros es una buena manera de enseñarles que ellos también tienen que ceder en alguna ocasión. Pero hablo de juegos, del día a día, de elecciones por parte de ellos que no revisten ningún peligro ni problema.
Ahora bien, ¿qué pasa si hablamos de otra cosa? Porque, si vemos que nuestro hijo está molestando a alguien y no somos capaces de parar la situación, entonces tenemos un problema. No estamos siendo buenos educadores.
Pasa entonces lo que está pasando en muchas casas, que se cae en la permisividad y que los niños no tienen muy claro qué pueden y deben hacer, hasta dónde pueden llegar y hasta dónde no y que los padres viven en el conflicto de no querer o no saber cómo manejar la situación, inmersos en esos "No" que no llevan a ninguna parte.

EL "NO" QUE NO SIRVE

Y es que el "No", si se usa mucho, se desgasta. Se desgasta porque unos días dices "No", luego "NO" y sigues hasta que detiene la acción, pero otros días, según que esté haciendo, dices "No" y ahí se queda, el niño sigue pero tú ya decides pasar porque "mira, tú, no me hace caso, que haga lo que quiera". O no sirve porque el niño tiene claro lo que quiere y por más "No" que le digas, él sigue.
Es en esos casos cuando debemos cambiar el "NO" por un "SI".
Y es que si hay algo que nos puede ayudar con nuestros hijos es nuestra experiencia, por ahí anda también nuestra creatividad, bastante mermada y oxidada porque en la infancia, a punta de tanto "NO "y "quedese quieto", acabaron rápidamente con ella, pero por ahí anda aún y, si sabemos cómo usarla, nos puede ser muy útil.
Es absurdo entrar en una espiral de negatividad con los niños y esperar continuamente a ver qué es lo próximo que se les ocurre para ir detrás a decirles que "No, esto tampoco... y no, tampoco... y esto tampoco". Porque al final parece que no pueden hacer nada porque todo lo que se les ocurre, todo lo que es divertido, no lo pueden hacer.
Es muchisimo mejor en esos momentos en que te ves cayendo en esa trampa, hacer uso de nuestra experiencia, inteligencia y creatividad. Y podemos partir por no decirles lo que "no pueden hacer", sino decir lo que "sí puede hacer".



Podemos darles alternativas.
Elegir junto a ellos lo siguiente a hacer. Ofréceles un juego o inventar alguno.

Simplemente retrocede unas décadas y ponte a su nivel para imaginar qué puede divertirle.
En más de una ocasión me he visto con mis hijos y otros niños, viendo como empiezan a hacer cosas que no deberían hacer (lo del hospital, cuando vas a ver a algún enfermo es muy típico, porque se aburren y empiezan a inventar juegos y "dejar la grande: en la habitación y los pasillos), y al ver a los otros padres caer en el "No" continuo, sin solucionar nada, en modo "vigilante reductor de daños", he tenido que intervenir, poner cara y voz de "lo que vamos a hacer ahora es increíble" e inventar algún juego para decirles lo que ahí sí pueden hacer: "no podemos correr por los pasillos, pero sí podemos jugar a ser espías". Y empezar así con un juego en el que cada niño debe vigilar unas puertas determinadas, mientras avanzamos sin que los demás sepan que somos espías.
Y he sido también pirata, una pirata algo distraida que ha olvidado donde dejo el tesoro y les pide que la ayuden a buscar.
Y cuando han sido más pequeños simplemente he ofrecido una alternativa, un juego menos elaborado, un "desviar la atención", un "vamos a ver qué hay allí" o un "te cambio tu cuchillo afilado y puntiagudo por esto otro, mucho más genial". Porque arrancar de las manos algo a alguien es terrible para él, es un robo en toda regla de algo que le gusta, pero no es tan malo si lo que haces es un trueque y resulta que con el cambio sale ganando (o por lo menos sale despistado).
Así que, como veran, he sido muchos personajes y mis hijos y sus amigos también lo han sido. Y así los niños han dejado de hacer eso que tanto molestaba a los demás, que era peligroso o que no podian tocar... Así, tan fácil, diciéndoles lo que sí pueden hacer sin entrar en esa absurda espiral de decir continuamente lo que un niño no puede hacer.

Debo decir que la voz y la cara de "Esto es lo mas genial del mundo" no debe faltar, nuestros niños deben creernos que es entretenido y nos divertiremos haciendo "esta otra cosa" que si lo decimos con la cara de siempre o algo enfadados pues, no resulta igual.

Karla Piccardo
Mamá Homeschooler