lunes, 3 de agosto de 2015

Desescolarizar la mente

Quizás no te sentiras identificada con lo que escribo, se que cuestionar la institución de la escuela es un tabú en nuestra sociedad.
Los trastornos causados por la escuela son difíciles de diagnosticar porque todo el mundo fue expuesto al mismo sistema, hemos sufrido los mismos trastornos y los consideramos normales. Para mi fue necesario sacar a mis hijos de la escuela, para poder darme cuenta de que el sistema escolar actual no es normal.

He tenido oportunidades de observar y estudiar con los niños del entorno de mis hijas y así entendí mejor lo que hace la escuela en la vida de un niño.

Cuando hago una pregunta a mis hijos, ellos me dicen lo que piensan o lo que saben y si no saben responder, dicen: No sé.
Pero cuando hacemos una pregunta a los niños en el colegio me responden con lo que piensan que yo quiero escuchar. Cuando no saben la respuesta correcta (o sea, la respuesta que piensan que queremos escuchar, tengamos presente que no todas las preguntas tienen respuestas correctas), entonces intentan adivinarla. Por ejemplo dicen al azar una de las posibles respuestas, y después intentan leer en mi cara si la respuesta fue correcta. O repiten lo que dijo el primero de ellos, o lo que dijo el niño que siempre saca las mejores notas.

Cuando mis hijos hacen un dibujo, ellos inventan alguna situación original y la dibujan.
Cuando los niños escolares hacen un dibujo, ellos buscan algún dibujo ya hecho que pueden copiar. Después borran sus intentos cinco veces y comienzan de nuevo, porque algún detalle no está bien y porque algún otro niño podría reírse de su dibujo.
También en otras áreas observo que los niños escolares no muestran casi ninguna originalidad o creatividad.
¡Nunca he visto a alguno de los niños escolares que nos visitan, leer un libro por iniciativa propia! Es más creo que finalmente terminan evitando la lectura, la escuela no es ningún lugar idóneo para aprender, creo que en verdad termina matando las ganas de aprender de la gran mayoria. Antes que todo, los niños aprenden en la escuela a aparentar algo que no son; y a tener miedo a la opinión del grupo y del profesor. En el camino se pierde la creatividad, la iniciativa, y el razonamiento independiente.

Pero entonces tuve que observarme también a mí misma¿Soy aún para mis propios hijos todavía demasiado de una profesora y no lo suficiente de una madre? ¿Por qué me parece todavía mucho más fácil dar una "clase" formal, en vez de poner en práctica todo lo que se de este método educativo?

Y así llegué a la conclusión:
Yo también soy una persona dañada por la escuela.
Yo también me he acostumbrado a controlar a los niños y a mí misma, en vez de animarlos a hacer experimentos  y permitir que ellos hagan sus descubrimientos.
Yo también he crecido con la idea de que aprender y enseñar son actividades por sí mismas, actividades que se pueden ejercer sin conexión alguna con otras actividades sensatas o productivas, solamente con el objetivo de llenar la mente con determinados contenidos.
Cuando pienso en hacer algo nuevo, creativo, ináudito, enseguida mi "profesor interior" lanza una advertencia: "¡Tú no puedes hacer eso! ¡Tú no has aprendido eso (de manera formal)! ¿Y qué dirá la gente?"
Yo también necesito ser liberada de estas actitudes y probablemente de otras más, de las que todavía no estoy consciente.

Lo que esto podría significar, lo encontré descrito en un blog de la siguiente manera:

“La desescolarización es una de las experiencias más intensas que uno puede hacer.
Es como una desintoxicación después de haber sido adicto a una droga.
La droga “escuela” actúa al nivel psicológico. Y es una droga aceptada y hasta alabada por la sociedad.
Entonces, no puedes conseguir ningún apoyo de la sociedad para tu propia desintoxicación. Tienes que hacerlo en contra del mundo entero. Y el mundo te dice: ‘La escuela no es ninguna droga. La escuela es buena para ti. Tómala, y serás uno de nosotros.’
(…) Y es más difícil cuánto mayor eres. Si ya has estudiado una carrera y recién te das cuenta de que no eres lo que quisieras ser. Eres un producto de las alabanzas y reprensiones, de los incentivos y castigos de la sociedad. Eres lo que los profesores dijeron que eras, y lo que sus calificaciones expresaban. Eres lo que los profesores buenos te enseñaron, y odias lo que los profesores malos intentaban enseñarte.
En breve, eres todo menos tú mismo…”

Todavía no puedo imaginar todo lo que tengo por delante. Simplemente espero liberarme de todo lo aprendido y acostumbrado que impide que logre los propósitos en mi vida. Tener la fortaleza para avanzar en este camino y apoyar a mis hijos a crecer libres de este lastre llamado escolarización...

Ahora deseo mencionar algunos elementos de una "mente escolarizada" y compararlos con una posible salida desde una mente liberada para una educación . La lista no es absoluta y creo que cada persona que está en este camino podría elaborar su propia lista. Pero sirve para hacer un comienzo:

La mente escolarizada dice:
“Educación es igual a escuela.”
Casi todo el mundo cree esto, pero es muy equivocado.La educación sucede primeramente en la convivencia diaria en familia.
Tenemos que recuperar nuestras familias como el lugar más natural e idóneopara la educación de nuestros hijos.

“Para aprender se necesita un profesor.”
Esta es una actitud que nos hace dependientes de por vida de una clase particular de personas, de los “profesores profesionales”. Pero pensemos unos momentos: ¿Quién enseñó a Edison a fabricar una ampolleta (bombilla electrica)? ¿o a los hermanos Wright a construir un avión? ¿Quién enseñó a Einstein la teoría de la relatividad?
Si todo nuestro aprendizaje dependiera de la enseñanza de un profesor, la humanidad nunca progresaría: no se harían nuevos descubrimientos, ni inventos, ni se formularían nuevas ideas.¡Conviértete en un aprendedor activo!
Este es el camino más eficaz para adquirir conocimientos. Busca informaciones, lee, pregunta, experimenta. Con las actuales tecnologías, esto es más fácil que nunca.
Si das este ejemplo a tus hijos, ellos lo harán también por sí mismos.

“Aprender es llenarse de contenidos.”
La escuela conoce una única manera de aprender: Sentarse pasivamente para llenar la mente de contenidos. Sea escuchando lo que habla el profesor, o leyendo partes de un libro asignado por el profesor. Esta forma de aprendizaje sucede en un vacío ya que no está relacionado con ninguna actividad práctica o productiva.Se aprende mucho más haciendo.
Con todas las actividades de la vida cotidiana se aprende algo ya sea haciendo compras, cocinando, limpiando la casa, inventando un nuevo juego, fabricando una silla o arreglando un televisor, visitando a una vecina enferma o arreglando una disputa entre hermanos. Como padres, solamente tenemos que estar atentos al potencial educativo de todas estas situaciones. Ya vienen con muchos "contenidos" incluídos.
Desechemos la idea de que todo aprendizaje tenga que suceder estando sentado inmóvil delante de un cuaderno escolar.

“Solo los profesores profesionales saben educar.”
Ya hace muchos años, John Holt y otros demostraron la falacia de esta idea. Existen numerosos ejemplos, tanto de situaciones escolares como fuera de la escuela, donde los niños aprendieron mejor con personas que no eran profesores profesionales.
En realidad, la formación profesional de los profesores no los prepara para educar, solamente los prepara para administrar escolarización según los reglamentos del estado.
Como padre o madre, ¡TÚ eres la persona que mejor conoce a tus hijos!
Creo que muchos padres y madres hoy en día necesitan primero recuperar su autoestima. Si tienes una relación personal, cercana, y de confianza con tus hijos, eso te califica para educarlos. (Si no tienes una tal relación con ellos, es claro que tienes que cpnstruirla primero.) Después es bueno que te informes también acerca de las necesidades de los niños, y unos principios de una buena educación; pero esta clase de consejos los recibes mejor de unos padres y madres experimentados y sabios, que de un profesor profesional que no ha educado a sus propios hijos.

“Para que un niño aprenda algo, hay que obligarlo.”

Esta es solamente una versión un poco modernizada del viejo lema colonial: “La letra con sangre entra.” Se parte de la idea equivocada de que un niño por naturaleza no quiere aprender. A causa de esta idea, millones de niños están siendo maltratados en el nombre de una mal entendida educación.
Los niños son por naturaleza curiosos y deseosos de saber cosas nuevas.
Entonces, no destruyamos su curiosidad y su motivación natural. Demos a los niños acceso a informaciones y materiales adecuados para alimentar su deseo de saber y de experimentar.
Un niño que se desarrolla de manera sana, puede disfrutar de leer, de hacer experimentos científicos, incluso de resolver problemas relacionados con la matemática (que no necesariamente tienen que ser los del libro escolar).
Como padre o madre, ¡vuelve a descubrir tu propia curiosidad! ¿Qué temas te interesan y desearías saber más sobre ellos? ¿Qué experiencias nuevas te gustaría hacer? Comienza, infórmate, descubre. Empieza a disfrutar de tu propio aprendizaje, y tus hijos disfrutarán del suyo.

“Tenemos que cumplir con el currículo.”
¡Cuánta presión se ejerce sobre los profesores – presión que ellos a su vez trasladan a los niños – para cumplir los “objetivos educativos”! Objetivos que fueron fijados arbitrariamente por unos burócratas ajenos a las escuelas, ajenos a las familias, y ajenos a la vida real en general.
¿Cuánto de estos contenidos del currículo estás usando tú mismo en tu propia vida? – ¿Cuánto (o cuan poco) de ello será entonces necesario para tus hijos?Los niños aprenden cuando están listos para hacerlo.
Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo y de aprendizaje; tiene sus propios talentos e intereses; tiene su propia personalidad. No tiene sentido querer presionar a todos dentro de un mismo molde. Respetemos el ritmo individual de cada uno, entonces aprenderán con mucha facilidad. Respetemos sus talentos y sus intereses, entonces aprenderán aquellas cosas que ejercerán con entusiasmo, ahora y en su vida adulta.
Y liberémoslos de exigencias insensatas. Si un joven no va a estudiar medicina, ¿para qué tiene que saber el nombre de cada hueso del cuerpo humano? Si no va a ser ingeniero, ni científico, ni profesor de matemática, ¿para qué tiene que saber trigonometría o logaritmos? Si no va a especializarse en lingüística, ¿para qué maltratarlo con “morfemas” o con “fonemas linguoalveolares” o con “enunciados conativos”?

“El niño tiene que aprender todo eso ahora porque más tarde lo va a necesitar.”
Gran parte del currículo escolar se basa en la idea del aprendizaje anticipado: “Tienen que aprender ahora la gramática porque más adelante la van a necesitar para comprender textos complejos.”  “Tienen que aprender ahora los términos de la teoría de conjuntos, porque más adelante tendrán que aplicarlos al conjunto solución de una inecuación.”  “Tienen que memorizar ahora los nombres de todas las instituciones del gobierno, porque cuando sean adultos tendrán que tratar con estas instituciones.”
Esto es como decir: “Los niños de seis años tienen que memorizar todas las partes de un automóvil, porque cuando tengan dieciocho años tendrán que aprender a manejar.” – En realidad, uno llega a conocer las partes de un automóvil en el mismo proceso en que uno aprende a manejarlo. Memorizarlas sin tener acceso a un automóvil real, sería un ejercico artificial, ineficaz, y sin sentido. Entonces, liberemos a nuestros hijos de tales ejercicios escolares que se realizan en un vacío artificial. Esta clase de “aprendizaje anticipado” no funciona.El aprendizaje sucede cuando lo necesitamos en la práctica.
Los niños aprenden a leer para que puedan leer ahora algo que les interesa, no para apreciar la literatura clásica cuando sean grandes. Aprenden a redactar cartas para que ahora puedan escribir a su abuela, no para escribir solicitudes institucionales cuando sean adultos.
También en la vida profesional, no se espera que un joven profesional venga ya con los conocimientos necesarios para enfrentar toda situación posible. Pero se espera que sea capaz de actualizarse constantemente y de adquirir nuevos conocimientos según las situaciones lo requieren. (Sobre todo en las profesiones altamente tecnologizadas: Es muy probable que un profesional tenga que trabajar con tecnologías que ni siquiera existían en el tiempo en que cursaba sus estudios universitarios.)
Volvamos entonces a conectar el aprendizaje con la vida real y con las situaciones presentes. Esto es mucho más eficaz que el querer “preparar” a los niños para posibles situaciones futuras que son irreales para ellos, y que quizás nunca serán realidad.

“Si no lo haces como dice el profesor, no es correcto.”
Esta frase me recuerda la historia del pequeño C.F.Gauss: Su profesor había dado a toda la clase la tarea de sumar todos los números del 1 al 100. Después de pocos momentos, Gauss entregó el resultado correcto: 5050. El profesor, asombrado, le preguntó: “¿Cómo lo hiciste tan rápido?” – Gauss respondió: “Fácil. Sumo 1+100, da 101. Sumo 2+99, también da 101. 3+98 también da 101. Sigo así hasta 50+51, son 50 parejas de números que suman 101, entonces 50×101=5050.”
Un profesor de nuestros días, seguramente habría rechazado la tarea de Gauss: “No, así no se hace. Tienes que sumar los números uno por uno.” – Y así hubiese truncado el desarrollo de un gran matemático en sus mismos comienzos. Esa mania de que “todos lo hagan de la manera como dice el profesor”, destruye la creatividad, la iniciativa, y la estabilidad emocional de los niños.
Además, los acostumbra a confiarse en una fuente de autoridad equivocada. En realidad, la distinción entre “correcto” e “incorrecto” no se basa en lo que dice el profesor. Se basa en las leyes de la matemática, o en las reglas de la ortografía, o en los hechos verificables de la geografía, etc.
Pero el sistema escolar obliga a los niños a aceptar en su lugar la autoridad arbitraria y falible de un profesor.

Atrévete a hacer algo nuevo, y a ser creativo.
Normalmente hay un sin número de maneras correctas cómo resolver un problema. Reconozcamos la capacidad de los niños de encontrar soluciones originales – y quizás aun mejores que las nuestras.
¡Y hay posibilidades aun más inmensas de plantearse problemas nuevos que ningún profesor conoce! No hay ninguna necesidad de que todos resuelvan los mismos problemas. Por ejemplo, un niño puede plantearse sus propios ejercicios de cálculo. Incluso puede escribir sus propios libros.
Y no por último, hay un sinnúmero de maneras correctas de cómo educar niños, y cómo proveerles experiencias de aprendizaje. Una vez liberados de la camisa de fuerza escolar, descubrimos posibilidades con las que antes ni hubiéramos soñado.
Sw puede aprender de muchos otros educadores, unos más alternativos y otros más convencionales; pero no estoy obligado a seguir la “receta” de ninguno de ellos al pie de la letra.

“Estudiamos y trabajamos para obtener buenas notas.”
Desde sus inicios en el sistema escolar, los niños se acostumbran a preguntar: “¿Esto viene en el examen?” “¿Vamos a tener una nota de esto?” – Y si no viene en el examen, si no tiene una nota, entonces se considera como algo innecesario, sin valor, se deja de un lado.
En la vida adulta, esto lleva a la siguiente actitud:
“Mientras nadie mira, no hay que cumplir; no hay que trabajar, no hay que ser honesto”
“Lo único que importa es la apariencia.” Creo que esta es la costumbre más dañina que adquirimos en el sistema escolar. Por esto tenemos una sociedad que no se interesa por hacer un buen trabajo, ni por ser honesto, ni por aprender bien una cosa ya que el sistema nos ha enseñado que nada de eso importa. Lo único que importa es la “Nota” y el “Cartón”; pero no importa la manera como se obtuvo – con conocimientos y habilidades reales, o por saber engañar al sistema, o con sobornos, eso ya no importa, porque eso “no se ve”, lo único que contribuye a la apariencia es el diploma. Y a menudo, los exámenes que se requieren para obtener ese “cartón” tienen muy poco que ver con los conocimientos y habilidades reales que se requieren para ejercer una profesión.
Por eso tenemos ingenieros que construyen casas y puentes que se caen; tenemos abogados y jueces que tuercen el derecho; tenemos profesores que confunden y maltratan a sus alumnos; y tenemos médicos que matan a sus pacientes. Todo porque el sistema nunca les enseñó a hacer alguna cosa bien. Solamente les enseñó a actuar de tal manera que su superior les de una buena calificación, según criterios bastante arbitrarios. Y lo más importante generalmente no se califica: La verdadera calidad de su trabajo; o sea, si hace bien o mal a sus usuarios, clientes o pacientes. Ya que “no hay nota” para eso, el profesional promedio no le da importancia.No aprendemos para el profesor. Aprendemos para nuestros prójimos, y para nosotros mismos.

La desescolarización nos libera para ver el aprendizaje como algo que es independiente del entorno o de la “institución”donde sucede. Los conocimientos y habilidades adquiridas tienen un valor en sí mismos, para enriquecer la vida del que aprende, y para capacitarlo a cumplir el propósito de su vida. Cuando los niños descubren este valor del aprendizaje, ya no tienen necesidad de motivaciones artificiales, tales como calificaciones o castigos.En consecuencia también:
Un trabajo bien hecho tiene valor en sí mismo.
Este es un pilar importante de la “ética protestante del trabajo”, la cual (según muchos historiadores) fue clave en el rápido desarrollo tecnológico y económico de Europa y Ameríca del Norte a partir del siglo 18. La Reforma nos hizo recordar nuevamente que el trabajo, aún el trabajo más “secular”, es uno de los medios principales por los cuales el hombre descubre su vocación
(Efectivamente, las palabras “vocación” y “profesión” tienen ambas un origen religioso. Originalmente describieron el llamado de un sacerdote o monje. Los reformadores fueron los primeros que se atrevieron a aplicar estas palabras a un trabajo “secular”.)
En consecuencia, el trabajo no se trata de dar una buena apariencia para obtener buenas calificaciones de un jefe. Se trata de descubrir que es lo que queremos hacer en la vida