martes, 11 de agosto de 2015

Comsejos para evitar "el golpe a tiempo" los gritos y los castigos

A raiz del post sobre el "golpe a tiempo" muchas personas a favor de este decian "es la última instancia" "no digo que siempre, pero a veces..." yo estoy segura de que ninguna madre ni padre goza con la idea de dañar a su hijo y creo que todas estas frases nacen de la falta de recursos para enfrentar situaciones tensas, esa falta de recursos se genera porque como he dicho muchas veces "los niños aprebden del ejemplo" y los adultos que no tienen estos recursos es porque no los vieron de pequeños, el maltrato daña al punto de normalizar el golpe, justificar que alguien mayor, mas fuerte y grande pueda inflingir dolor o daño a un niño, a su propio niño, solo porque ese adulto no tiene las herramientas necesarias para controlar la ira y evitar desatarla contra un pequeño indefenso.

Por eso escribo este post, para tratar de ayudar, entregar recursos, tal vez simples y sencillos pero que pueden existir antes de esa temida "ultima alternava u opción" llamada golpe.

No sé si son los mejores consejos, y es probable que alguien los pueda explicar mejor, pero creo que son un muy buen principio para tener una base con la que ir trabajando para, luego, ir escuchando más ideas, ir leyendo artículos y libros que hablen sobre esto, ir viendo a otros padres solucionar conflictos, evitando los golpes, los gritos y los castigos.

Criar sin castigos suena más  difícil de lo que es en realidad, ya he explicado en diversas ocasiones que el castigo no es en realidad un buen método educativo y que el "golpe a tiempo" además  de ser evitable, tampoco es un buen remedio.
Cuando hablamos de educar a nuestros hijos y tratar con situaciones tensas para nosotros siempre es bueno hacer uso de nuestra inteligencia y creatividad para buscar métodos o herramientas alternativas más respetuosas, menos humillantes y, en el fondo, más útiles a largo plazo.

Muchas personas al  leer o escuchar lo que se les explica sobre los golpes, los gritos y el castigo, piensan en su infancia, recuerdan cómo se sentían cuando sus padres les pegaban o castigaban y ahí empiezan a abrir la mente. La abren hacia lo desconocido "Ok, quiero intentar no hacerlo como lo hacían los mayores cuando yo era pequeño, pero ¿cómo?" Esa pregunta a todos nos abre la puerta de la crianza amorosa, consciente y con apego. Pues voy a tomarme la libertad de darles seis consejos para lograr educar sin castigos, para empezar en este camino.

1. Debemos partir de la base de que si nuestro hijo tiene la conciencia  de lo que hizo, es decir "¿Lo ha hecho queriendo o sin querer?"

Si tu hijo acaba de hacer algo que no te gusta, te molesta o consideras que no está bien y te planteas la posibilidad de castigarlo, porque es lo que sueles hacer, o porque en esa situación la mayoría de los padres harían eso (o cuando tú eras pequeño y lo hacías, a ti te castigaban). Pues bien, antes de hacer nada hazte esta pregunta: ¿Lo ha hecho queriendo o sin querer?

Los niños no son tan hábiles como lo somos nosotros y a veces intentan hacer las cosas por sí mismos. Si nosotros les servimos un vaso de agua desde la jarra seguro que todo el líquido cae en el vaso sin embargo si ellos deciden hacerlo por sí mismos, seguro que parte cae en el vaso, parte en la mesa y parte en el suelo. Si es agua, se secará  rápido, pero imagina si se ha intentado servir leche o jugoo. Da rabia ¿cierto? Todo el suelo pegajoso, salpicaduras por todas partes y seguro durante un rato estaremos limpiando. Dan ganas de... pero no. No lo ha hecho queriendo, de hecho, estaba haciendo una de las cosas que más les gusta a los padres, ser independiente. Todos los padres quieren que sus hijos sean independientes, que pasen tiempo solos, que se entretengan con sus cosas sin tener que estar llamando a papá y mamá constantemente para todo, bueno, resulta que tiene que ser independiente y autónomo pero solo a veces. Si es para servirse bebidas, mejor que no lo sea. Vaya,pues no es así, los niños se hacen autónomos para todo (así que somos nosotros los que tenemos que decirles "me encanta que intentes hacerlo solo, pero cuando quieras  servirte agua/leche/... avísame y yo te ayudo).

Haciéndonos la pregunta nos damos cuenta de que sólo quería beber, y por no molestar, o porque ha aprendido, ha decidido hacerlo solo. Sólo con esto debemos tener claro que no podemos castigarle.

La mayoría de cosas que nos molestan o exasperan las hacen porque no saben hacerlas mejor o porque no saben que "están mal". Es normal, ellos llevan muy poco tiempo con nosotros y todo ese tiempo hanestado aprendiendo y ¿Cómo van a saber en tan poco tiempo todo lo que está bien o mal?

2. Tal vez les hemos pedido que hagan alguna cosa y no ha salido bien ¿No será que esperamos demasiado de él?

Porque lo comparamos con otros niños, porque alguien nos ha dicho que con esa edad ya debería hacer tal o cual cosa o ya no debería hacer tal o cual, porque acaba de tener un hermano y se ha convertido en mayor de golpe, muchas veces les estamos exigiendo de más.
Esto va junto con el punto anterior. Son niños, son pequeños y a veces creemos que han vivido lo mismo que nosotros o que, porque les hemos explicado algo una vez, ya tienen que controlar y conocer totalmente todas las situaciones y saber comportarse ante ellas. Debemos hacernos esta pregunta: ¿no será que espero demasiado de él? ¿No estarán nuestras expectativas por encima de sus posibilidades? Porque si es así viviremos siempre de un conflicto a otro.
Insisto en que nueatros niños llevan poco tiempo con nosotros, así que por ser nuevos en el mundo merecen paciencia infinita y mucho diálogo. No puede ser que tengamos más paciencia con los adultos que con ellos.

3. A veces le preguntamos a nueatros hijos ¿Lo has hecho queriendo? Y sorprendentemente nos responden que si, que lo ha hecho queriendo, entonces debemos preguntarnos "¿por qué lo ha hecho?"

Resulta que la respuesta a la primera pregunta no ayuda demasiado porque está claro que lo que ha hecho el niño lo ha hecho queriendo, con mala intención, tratando de molestar. Aquí muchos padres optarían por "la silla de pensar", "el tiempo fuera", "vete a tu cuarto", "te has quedado sin postre" o el castigo que crean aplicable. O cuando está muy inquieto interrumpiendo o "molestando" aplican la indiferncian eso de ignorarle "no le hago caso, precisamente, porque está intentando llamar mi atención".

Pero no podemos quedarnos con el hecho concreto, porque estaríamos trabajando solo a  nivel superficial. Es como cuando tienes una mancha de humedad en el techo no la solucionas pintando, buscas de dónde sale agua porque si no, en pocos días, volverás a tener una mancha en el techo. Pues lo mismopasa con nuestros hijos solo que ellos son muchísimo mas complejos que una mancha de humedad ¿por qué lo ha hecho? Es lo que debemos averiguar y no lo lograremos con él fuera,  solo y aislado y claramente no nos lo dira si se lo pedimos a gritos, estará  asustado y temera a nuestra reacción , seguro allí  nos dice lo que queremos oír no lo que en verdad pase.

Puede ser porque está aburrido, porque se siente solo, porque te pide pasar tiempo contigo y no pasas el suficiente con él, porque siente que no lo quieres, porque haciendo cosas malas es la única manera de que le hagas caso, porque... La causa es importante. Soluciona la causa y evitarás muchos problemas.

4. Entre atacar y huir "Huye"

Cuando nos enojamod, cuando perdemos la paciencia, cuando notamos que llegamos a nuestro límite, nuestro cerebro racional se desconecta, pero no es el único, el emocional también lo hace y entonces entramos en lo que más de una vez se ha definido como "modo automático", o lo que es lo mismo, entra en funcionamiento el cerebro primario , el más primitivo, el que sólo tiene como función prepararnos para la huida o la lucha. Es decir que sale lo peor de nosotros, los gritos, el "ya está bien", el golpe, las reacciones y decisiones en caliente. Es la lucha con nuestro hijo o hija. En ese momento no pensamos en que podemos hacerle daño físico o daño moral (el racional desconectado) y en ese momento no sentimos cuanto le amamos(el emocional desconectado) y no hay nada que pueda evitar el "automático" contra ese niño que en otras circunstancias nos comemos a besos inundados de amor.

Iniciamos la lucha porque sabemos que no podemos perder. El problema es que pierde nuestro hijo y en cierto modo, perdemos nosotros. Si abusamos del automático nos acostumbramos a él y saltará cada vez más a menudo. Si usamos el automático, alejamos a nuestro hijo de nosotros lo alejaremos emocionalmente, podemos conseguir que pierda la confianza en nosotros, y ninguna relación de amor o cariño necesita que los que la forman pierdan confianza el uno en el otro, sino todo lo contrario.

Por eso no luches, huye. Si ves que pierdes el control, si ves que puedes hacer algo de lo que te puedas arrepentir, huye. No afrontes todavía el problema. Respira hondo, no trates de educar a tu hijo en ese momento o de explicarle nada y haz lo mínimo mientras respiras hondo, cuentas hasta 10, 100 o mil y vuelves a controlarte.

Yo lo hago a menudo, mientras voy a buscar el paño o el trapo, mientras arreglo el desorden. Me muevo callada, prefiero no decir nada a decirlo todo porque si hablara, enojada podría decir quien sabe que burrada, tambien cuido el lenguaje corporal, no es la idea parecer un gorila dispuesto a atacar, eso  también los puede asustar.
Y luego, unos segundos o minutos después, les digo lo qué pienso sobre lo que han hecho o les insto a que solucionen lo que han hecho, con más calma.  Recordar siempre que "no se hace daño a quien se quiere y que a ellos los amamos", suele hacer mucho mas fácil  el evitar actuar en automático.

5. Pon remedio. ¿Cuál es la consecuencia real de lo que ha hecho?

Los castigos son consecuencias que los adultos inventamos ante un acto que no nos gusta "sin postre, sin tele un día, tantos minutos en la habitación, sin parque," etc... Cada padre o madre inventa la consecuencia según la gravedad del acto o según el momento del día, porque al mediodía, con más paciencia, el castigo es más leve que en la tarde noche, cuando está más cansado y lo último que tiene son ganas de tener que lidiar con algún problema.

Pero esto es un error. El niño no aprenderá  porque no es capaz de realizar la asociación entre lo que ocurre y lo que ha hecho, básicamente porque la consecuencia puede ser siempre diferente y porque, en realidad, no tiene nada que ver una cosa con otra. ¿Qué tiene que ver que haya roto algo con que no pueda ver la tele?

Debemos tratar de ayudar a los niños a ver cuáles son las consecuencias reales de lo que han hecho. Si nuestro hijo ha roto algo, debe ver que está roto y, si se puede, arreglarlo con él. Si ha ensuciado algo, limpiarlo con él, la consecuencia de mancharlo todo es que hay que limpiarlo y "yo te ayudo, pero ten en cuenta que vamos a perder un montón de tiempo limpiando, tú y yo. Podríamos estar jugando juntos, o leyendo un cuento, o haciendo algo más divertido, pero ahora tenemos que limpiar, y yo prefiero jugar, leer o hacer otra cosa".
Si le ha hecho daño a alguien, explicarle que el otro niño está llorando, decirle "mira cómo llora el niño, no creo que quiera volver a jugar contigo" y ponerlo en su lugar "imagina que estás jugando y viene otro niño y te pega. No te gustaría, ¿verdad? Pues bueno a él tampoco le ha gustado".
Esas son las consecuencias reales de sus actos. Eso es lo que deben conocer y muchos niños no lo conocen porque son castigados con otras cosas sin saber el alcance de lo que han hecho. "Pídele perdón y nos vamos", dicen algunos padres. Entonces los niños dicen "perdón", dan un beso, un abrazo y se van a casa. No, así no está bien, así no aprenden nada excepto tal vez a darle poco valor al perdón.
Un día vi a dos niños pegándose el uno al otro y al separarlos les dije  " Eso no está bien, no se pega"  uno de ellos se acercó al otro, le dio un beso y se fue muy contento, claro si así le habían enseñado a solucionarlo.

6. El mantra al que acudir cuando olvidemos todo lo demás

Cuando pase el tiempo, cuando los cinco consejos anteriores se vayan oxidando, por lo que sea, y necesites volver a leerlos pero no sepas cómo volver a dar con ellos o no recuerdes ni dónde los leíste, recuerda esta frase: "Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite".
Es una frase que usa mucho la psicóloga Rosa Jové y sirve mucho para ayudar a cambiar el chip y entender que cuando peor se portan nuestros hijos, más nos están demostrando lo mal que lo estamos haciendo y lo mucho que nos necesitan.