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martes, 21 de junio de 2016

La Adolescencia no es trastorno


La adolescencia no es un trastorno, es un proceso natural, si la infancia es la etapa de la vida que podemos definir como la época de hacer, la adolescencia estaría regida por el sentir, no esperes lógica en las reacciones de tus hijos adolescentes, la adolescencia no es la etapa de reflexión, la adolescencia es para sentir, es esta la etapa en la que todos los colores brillan más fuerte y todos los días nublados son los más grises de nuestras vidas...
Muchas veces los adolescentes sienten que en cada cosa que hacen meten la pata, a veces creen que molestan, y claro generalmente les repetimos que no siguen las normas de casa y les exigimos muchas veces cosas que ni nosotros mismos, como adultos, cumplimos a cabalidad.
Si es cierto la adolescencia es una etapa en la que hay que tener paciencia, eso no lo discuto, pero no sólo los padres debemos tenerla, nuestros hijos adolescentes también y es que ellos muchas veces no saben qué es lo que sienten, pues muchas, muchísimas cosas que no habían sentido hasta ahora les inundan a diario y no saben como manejarlas.
Les aseguro que su hijo tiene tantas ganas como ustedes de volver a ser el mismo que era hace uno o dos años, ellos tambien desearían dejar de gritar y llorar al mismo tiempo o de quererlos y odiarlos en el mismo día.
Ellos nos sienten lejos de sus preocupaciones y amigos, piensan que nosotros no sabemos ni entendemos aquello por lo que pasan y en cierta forma eso es real, porque no todos recordamos como nos sentíamos ese día martes que teniamos examen de álgebra y nuestro/a novio/a nos dejó, no todos recordamos que se siente que nos amenacen constantemente con el encierro o el aislamiento, que si, que suena extremo pero a nosotros no nos gustaría que nuestro jefe nos dijera "Rodriguez, no llegó  a tiempo esta semana, está un poco distraído y su rendimiento ha bajado se quedará una semana sin su móvil y no saldrá con sus amigos a ver si así encerrado aprende a ser responsable" no suena lógico ¿cierto?
La verdad es que con chantajes, castigos y amenazas nadie, ningún adulto quiere funcionar y pues se supone que queremos que nuestros hijos tengan comportamientos adultos, así que debemos tratarlos como trataríamos a nuestros amigos, vecinos, parientes, a los otros adultos de nuestras vidas.
Durante la adolescencia nuestros hijos no ven las cosas igual que nosotros, ¡vamos! Ni nosotros mismos vemos las cosas como nuestros padres, aún.
A veces nos enzarzamos en discusiones con nuestros hijos por temas que no tienen tanta relevancia y "dejamos para después" conversaciones, enseñanzas y situaciones a las que deberíamos poner más atención, porque seguro les serán más necesarias en lo inmediato.

Trata de hacer memoria y recordar cómo te sentías en esa etapa de la vida, cuando no sabías cómo solucionar tus problemas, entre que no podías hablar con tus padres y cada vez que lo intentabas ellos estaban constantemente, como un disco rayado, listos para recordarte lo que hacías mal, lo que dejabas de hacer, lo inútil que eras y lo mejor que ellos lo hacían en "sus tiempos"
y es que seamos honestos ni las circunstancias, ni los amigos, ni los intereses, ni la personalidad de nuestros hijos se puede comparar con las nuestras, las exigencias son distintas, los estándares son diferentes, las relaciones han cambiado, todo es distinto.

Ser adolescente no es un mal, un síndrome o algo que necesite terapia, ser adolescente es buscar el espacio dentro de este mundo, es cambiar de piel, pintarse las uñas, el pelo, querer tener ppósteres en la  habitación, escuchar música más fuerte que nuestros pensamientos, sentir que todo es más intenso porque todo lo estamos viviendo por primera vez y todas estas experiencias juntas darán forma al adulto que decidimos ser, una mezcla entre el niño que educaron nuestros padres y la persona que hemos decidido ser y hacer con las experiencias que vivimos...

Karla Piccardo
Mamá Homeschooler

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Mi hijo pega...



Si estás preocupado porque tu hijo de dos años o tu preadolescente de once años muestra conductas agresivas, entonces tal vez esta información te sirva.
Hay dos etapas en la vida en las cuales es absolutamente normal que aparezca alguna forma de agresividad: entre los dos y los cuatro años de edad, presentandose de manera más fuerte en el período que va de los dos años y medio a los tres años y medio, y el segundo periodo es en la pre-adolescencia que generalmente coincide con el sexto año escolar, o sea entre los once y los doce años de edad.

¿POR QUÉ PEGAN LOS NIÑOS ENTRE LOS 2 y LOS 4 AÑOS?

lunes, 14 de diciembre de 2015

Como lograr que los niños cooperen en casa sin gritar ni amenazar



Lograr que nuestros hijos cooperen en casa sin necesidad de gritarles, sermonearles o castigarles es un sueño... Pero como todos los sueños con algo de trabajo y paciencia lo podemos hacer realidad.

Este post es una adaptación del libro “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen”, de Elaine Mazlish y Adele Faber, quienes escribieron algunos consejos luego de trabajar respetuosamente durante años con numerosas familias.

Muchas veces hemos oido o dicho "nadie nos nos enseña como ser padres" y la verdad es que si hay mucho, muchísimo de donde aprender, no se trata de escuchar consejos sobre "cómo criar" sino simplemente de poder tener herramientas eficaces que nos permitan comunicarnos mejor con nuestros hijos, dándoles el lugar que merecen como miembros de la familia, sin tener que recurrir a patrones autoritarios y obsoletos.

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Hijos mandones?..

Desde hace algo más de una década comenzaron a surgir en diferentes ciudades del mundo niños que al parecer se erigen como los jefes indiscutidos de la familia. Son ellos quienes eligen qué se come, dónde se vacaciona, qué canal de televisión se ve, los horarios para dormir y otras actividades de la familia. Amenazan, pegan, agreden psicológicamente a sus padres y parecen no haber desarrollado la empatía, ni ser capaces de experimentar emociones morales como la compasión o la culpa.

Algunos ya lo ven como un fenómeno llamado “Síndrome del Emperador”, haciendo referencia a un tipo de vínculo entre niños y padres, en el cual los niños hacen de sus caprichos ley, y quien no obedezca paga las consecuencias con sus agresiones y tortuosos berrinches. Es una pauta interaccional donde los niños aprenden a controlar a los adultos, logrando que obedezcan y cumplan sus exigencias. Son fáciles de reconocer pues se caracterizan por ser egocéntricos y poseer muy baja tolerancia a la frustración (que, por cierto, no pasa inadvertida). No parecen haber aprendido a auto-controlarse o auto-regular sus emociones y saben a cabalidad los tiempos de los padres, a quienes fácilmente manipulan amenazándolos o esgrimiendo argumentos cambiantes.

Algunos investigadores destacan causas genéticas para este síndrome. Sin embargo, una postura menos reduccionista y más comprensiva de los cambios sociales actuales–a la cual adhiero- señala que esto se debe a modificaciones a nivel familiar y social, más precisamente, a adultos que no ponen límites en forma adecuada y ya  no por culpa de los niños sino por no saber distinguir entre autoridad y autoritarismo. Por ejemplo, hoy todos somos testigos de que muchos padres no tienen el tiempo ni la firmeza necesarios para educar y poner límites a sus hijos. Las exigencias económicas los obligan a ausentarse de sus hogares, generando en ellos hábitos culpógenos tendientes a ceder y sobreproteger a sus hijos, consintiéndolos en todo cuanto puedan de manera económica, material o permisiva. Por otro lado, se puede observar una carencia de hábitos familiares afectivos: las pantallas se han interpuesto haciendo que se pierda el contacto corporal propio de actividades como jugar y divertirse con  los hijos, o la vieja costumbre de hacerles dormir con un cuento antes de arroparlos y darles su beso de buenas noches.

A nivel social, en general, se abriga una actitud permisiva que fomenta esta actitud  infantil y quizás sea por miedo al autoritarismo padecido por muchos adultos que algunos buenos y amorosos padres no nos permitimos ejercer la autoridad, que es muy distinta  al autoritarismo, la autoridad es sana y necesaria para el adecuado crecimiento de nuestros hijos y es en sus primeros años en donde debemos ejercerla luego será parte de la relación, luego padres e hijos ejercen autoridad o autocontrol sobre sus vidas, la autoridad en los primeros años permite a nuestros hijos tener standares claros y límites establecidos en base al respeto que se les ha entregado y es eso lo que recibimos de regreso en esos "difíciles años" que parten a los ocho y terminan... Muchas veces no terminan bien.
Por otro lado, la televisión institucionaliza una sociedad de consumo que  legitima valores hedonistas y exigencias de “pasarla bien” y hacer lo que deseemos en todo momento sin que nada ni nadie (y mucho menos obligaciones de ningún tipo) se interpongan con nuestra voluntad y a veces esto se ve incluso fomentado en el hogar por padres que hacen todo por sus hijos sin dejarles ayudar o darles responsabilidades "porque son niños". Asi solo se ponderan exigencias adquisitivas y privilegios excesivos, sin considerar responsabilidades ni valorizar el compromiso con metas que requieran un esfuerzo.

Padres dudosos les enseñan a sus hijos ,erróneamente, que todos los límites son negociables, permitiéndoles “muñequear” en todo, mediante berrinches, agresiones físicas o la infalible artillería pesada de los “ábrete sésamos” que declaran a viva voz que sus padres NO son buenos o amenazan con dejar de amarlos. Como si fuese poco, estos padres creen erróneamente que incluyendo a sus hijos en el sistema escolar "alguien más" tiene la responsabilidad de educar a sus hijos, que, por cierto, creen que eso implica poner límites pero sin poder recriminarle a los pequeños pues una clase de "autoridad" que en el colegio o la escuela no deben ejercer.

Cuando estos niños alcanzan la adolescencia consideran descabellado obedecer o respetar a sus padres y maestros, y entienden que lo lógico es que les obedezcan a ellos. Así  llegan incluso a agredir físicamente a sus padres. En efecto, son numerosas las denuncias en comisarías por ataques de este tipo. Las estadísticas demuestran que son las madres las principales víctimas de este síndrome, que se da mayoritariamente en familias uniparentales.

Tanto desde la ingeniería como desde la psicología sabemos bien que el secreto está en invertir en buenos cimientos. Para tener niños, adolescentes y adultos sanos debemos comenzar justo ahí, en las bases, en la primera infancia. Aunque pueda parecer difícil, es más simple y “económico” comenzar dando amor, poniendo límites firmes, permitiendo que tengan pequeñas frustraciones para que aprendan a tolerarlas, enseñándoles a comprometerse y esforzarse en pos de sus metas, acompañándolos en sus emociones,enseñándoles a reconocerlas y por sobre todo enseñándoles que las relaciones se basan en respeto… Los beneficios de los esfuerzos invertidos en esta etapa se cosecharán más tarde en la vida y serán  sin lugar a dudas muy buenos.

Karla Piccardo
Mamá homeschooler

domingo, 1 de noviembre de 2015

La rebelión de la adolescencia

Cada tanto me topo con niños, niñas, jóvenes y adolescentes que caminan con cara de hastío, cargando con un desagrado mayúsculo y cada vez que me atrevo a preguntarles que les pasa la respuesta es siempre la misma "Mi Papá, Mi Mamá, Mis Papás, me obligan a hacer esto... y no me gusta"
Es cierto, a partir de los ocho o nueve años nuestros hijos entran en un aletargamiento digno de los osos hibernantes y eso no es azaroso, eso es producto de una de las tantas crisis que los seres humanos vivimos y no estoy con esto justificando que no los invitemos a moverse o a bañarse en algunos casos mas extremos, pero si me gustaría abogar por el respeto a la búsqueda de identidad y la importancia que tiene este proceso.

Siempre escucho y leo frases como "está tan desobediente" "está tan rebelde" "quiere hacer lo que le place" y la verdad es que ese es un proceso que si bien no nos podemos evitar, podemos hacer que sea menos desagradable e incluso, podemos llegar a disfrutarlo, si de seguro ahora mismo estan pensando "Cómo puedo disfrutar que mi hija no quiera ir a misa" "dónde está el goce en ver a mi hijo vestido así" y tantas otras cosas que de seguro se les vienen a la cabeza, pero calma, lo digo en serio cada proceso de nuestros hijos es en suma disfrutable y hasta podemos llegar a sentirnos muy orgullosos si sólo aprendemos a confiar en ellos y los apoyamos en su búsqueda.

Si cada día al levantarse le dices a tu hijo " peinate bien" " así no" " arreglate el pelo" pero no los dejamos EFECTIVAMENTE    hacerlo por ellos o no quedamos contentos hasta que se ve como a nosotros nos gusta, de seguro tendremos muchas discusiones y "batallas" a partir de los ocho años y creceran hasta el infinito en la adolescencia.
Podemos evitarlo, es simple pero a la vez es inmensamente complejo, basta con respetar a nuestros hijos y entender que se están formando con las herramientas que les dimos e incluso con las que no y que ellos están en una búsqueda compleja, no necesitan agregar a eso las batallas diarias.
Es posible empatizar con nuestros hijos, podemos hacer concesiones y permiter a nuestros hijos su propia búsqueda, acompañarles, guiarles y de seguro será mucho más grato. Pero como dije es complejo y es complejo porque nosotros mismos no estamos tan acostumbrados a ser respetados, no tenemos tan claro eso de la identidad propia y personal, nos hemos convertido mas bien en la parte nuestra que mas le agrada a los demás y no entendemos como nuestros hijos no se amoldan rápido  al que dirán, porque "qué  diran los demás  si vas vestido así" hemos sucumbido tanto y perdido tanto nuestra identidad que incluso nos preocupamos de qué pensarán  otras personas si nuestros hijos no se ven como queremos mostrarlos...
La vida no debe ser así, pasamos la mayor parte de nuestra vida adulta buscando ser aceptados y validados por quienes somos, muchas veces sin saber quiénes somos realmente pues no nos permitieron, en un principio, y no nos lo permitimos luego nosotros mismos...
Evitemos a nuestros hijos ese camino, permitamosles encontrarse en la edad que deben hacerlo que importa lo que los demás vean, crean ver, piensen u opinen si nosotros lo que haremos sera ayudar a nuestros hijos a ser felices, a encontrarse y poder disfrutar de la vida de manera mas plena.
Apoyemosles en su búsqueda y les aseguro que no tendremos "problemas de rebeldia" o "guerrillas internas" en casa.

Karla Piccardo
Mamá homeschooler.