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martes, 1 de diciembre de 2015

El amigo imaginario de mi hijo se llama piki...



Ayer mientras almorzabamos mi peque me sorprendió al invitar a la mesa a "Piki", por la tarde jugó con "Piki" a la pelota y con los autitos, construyó con bloques y pasó una tarde de lo más productiva.
Lo cierto es que mi hijo ya ha desarrollado una imaginación sana y muy prolífica, inventa nuevas canciones, cuenta chistes y hasta me ayuda con los cuentos...
¿Tu hijo tiene algún amigo imaginario?

Los amigos imaginarios son muy comunes en los primeros años y no debemos preocuparnos porque es normal y natural en la mayoría de los pequeños.
El niño habla, ríe y se expresa con su amigo imaginario, que puede ser un peluche, un juguete, un objeto, o incluso, un personaje inventado, absolutamente imaginado.

Qué tiene de bueno tener amigos imaginarios:

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Hijos mandones?..

Desde hace algo más de una década comenzaron a surgir en diferentes ciudades del mundo niños que al parecer se erigen como los jefes indiscutidos de la familia. Son ellos quienes eligen qué se come, dónde se vacaciona, qué canal de televisión se ve, los horarios para dormir y otras actividades de la familia. Amenazan, pegan, agreden psicológicamente a sus padres y parecen no haber desarrollado la empatía, ni ser capaces de experimentar emociones morales como la compasión o la culpa.

Algunos ya lo ven como un fenómeno llamado “Síndrome del Emperador”, haciendo referencia a un tipo de vínculo entre niños y padres, en el cual los niños hacen de sus caprichos ley, y quien no obedezca paga las consecuencias con sus agresiones y tortuosos berrinches. Es una pauta interaccional donde los niños aprenden a controlar a los adultos, logrando que obedezcan y cumplan sus exigencias. Son fáciles de reconocer pues se caracterizan por ser egocéntricos y poseer muy baja tolerancia a la frustración (que, por cierto, no pasa inadvertida). No parecen haber aprendido a auto-controlarse o auto-regular sus emociones y saben a cabalidad los tiempos de los padres, a quienes fácilmente manipulan amenazándolos o esgrimiendo argumentos cambiantes.

Algunos investigadores destacan causas genéticas para este síndrome. Sin embargo, una postura menos reduccionista y más comprensiva de los cambios sociales actuales–a la cual adhiero- señala que esto se debe a modificaciones a nivel familiar y social, más precisamente, a adultos que no ponen límites en forma adecuada y ya  no por culpa de los niños sino por no saber distinguir entre autoridad y autoritarismo. Por ejemplo, hoy todos somos testigos de que muchos padres no tienen el tiempo ni la firmeza necesarios para educar y poner límites a sus hijos. Las exigencias económicas los obligan a ausentarse de sus hogares, generando en ellos hábitos culpógenos tendientes a ceder y sobreproteger a sus hijos, consintiéndolos en todo cuanto puedan de manera económica, material o permisiva. Por otro lado, se puede observar una carencia de hábitos familiares afectivos: las pantallas se han interpuesto haciendo que se pierda el contacto corporal propio de actividades como jugar y divertirse con  los hijos, o la vieja costumbre de hacerles dormir con un cuento antes de arroparlos y darles su beso de buenas noches.

A nivel social, en general, se abriga una actitud permisiva que fomenta esta actitud  infantil y quizás sea por miedo al autoritarismo padecido por muchos adultos que algunos buenos y amorosos padres no nos permitimos ejercer la autoridad, que es muy distinta  al autoritarismo, la autoridad es sana y necesaria para el adecuado crecimiento de nuestros hijos y es en sus primeros años en donde debemos ejercerla luego será parte de la relación, luego padres e hijos ejercen autoridad o autocontrol sobre sus vidas, la autoridad en los primeros años permite a nuestros hijos tener standares claros y límites establecidos en base al respeto que se les ha entregado y es eso lo que recibimos de regreso en esos "difíciles años" que parten a los ocho y terminan... Muchas veces no terminan bien.
Por otro lado, la televisión institucionaliza una sociedad de consumo que  legitima valores hedonistas y exigencias de “pasarla bien” y hacer lo que deseemos en todo momento sin que nada ni nadie (y mucho menos obligaciones de ningún tipo) se interpongan con nuestra voluntad y a veces esto se ve incluso fomentado en el hogar por padres que hacen todo por sus hijos sin dejarles ayudar o darles responsabilidades "porque son niños". Asi solo se ponderan exigencias adquisitivas y privilegios excesivos, sin considerar responsabilidades ni valorizar el compromiso con metas que requieran un esfuerzo.

Padres dudosos les enseñan a sus hijos ,erróneamente, que todos los límites son negociables, permitiéndoles “muñequear” en todo, mediante berrinches, agresiones físicas o la infalible artillería pesada de los “ábrete sésamos” que declaran a viva voz que sus padres NO son buenos o amenazan con dejar de amarlos. Como si fuese poco, estos padres creen erróneamente que incluyendo a sus hijos en el sistema escolar "alguien más" tiene la responsabilidad de educar a sus hijos, que, por cierto, creen que eso implica poner límites pero sin poder recriminarle a los pequeños pues una clase de "autoridad" que en el colegio o la escuela no deben ejercer.

Cuando estos niños alcanzan la adolescencia consideran descabellado obedecer o respetar a sus padres y maestros, y entienden que lo lógico es que les obedezcan a ellos. Así  llegan incluso a agredir físicamente a sus padres. En efecto, son numerosas las denuncias en comisarías por ataques de este tipo. Las estadísticas demuestran que son las madres las principales víctimas de este síndrome, que se da mayoritariamente en familias uniparentales.

Tanto desde la ingeniería como desde la psicología sabemos bien que el secreto está en invertir en buenos cimientos. Para tener niños, adolescentes y adultos sanos debemos comenzar justo ahí, en las bases, en la primera infancia. Aunque pueda parecer difícil, es más simple y “económico” comenzar dando amor, poniendo límites firmes, permitiendo que tengan pequeñas frustraciones para que aprendan a tolerarlas, enseñándoles a comprometerse y esforzarse en pos de sus metas, acompañándolos en sus emociones,enseñándoles a reconocerlas y por sobre todo enseñándoles que las relaciones se basan en respeto… Los beneficios de los esfuerzos invertidos en esta etapa se cosecharán más tarde en la vida y serán  sin lugar a dudas muy buenos.

Karla Piccardo
Mamá homeschooler

jueves, 29 de octubre de 2015

Crianza consciente y armónica en el primer septenio de nuestros hijos

En los primeros 7 años de vida del niño se desarrollan 7 derechos naturales, que son básicos y fundamentales para su desarrollo posterior como adultos.




Lo cierto es que muchas veces nos preocupamos hasta la angustia por cosas complejas, que en realidad están muy alejadas de las necesidades reales de los niños, y luego fallamos en lo más básico.

El primer septenio de vida viene a ser la base a partir de la cual se constituirá el adulto futuro. Son unos años tan importantes en el desarrollo de un individuo, que dejan una huella imborrable.
De hecho, las carencias de cualquier tipo durante estos primeros años de vida van a repercutir enormemente en el desarrollo posterior de la persona.

Veamos cuáles son esos derechos básicos y sus consecuencias si no son bien satisfechos:

Durante el primer año de vida el niño tiene derecho a TENER. Y es preciso y necesario que tenga, por tanto hay que darle lo que pide, es decir: mamá, teta, brazos,…
En realidad lo que más necesita tener es contacto físico y emocional permanente con su mamá, y para esto ayuda mucho la crianza en brazos.
Si este derecho se reprime, de adulto va a necesitar todo el tiempo acumular cosas (a veces desesperadamente), que le servirán para crear una felicidad falsa, en un intento de llenar esa carencia primaria, ese vacío, que por otra parte, nunca ya podrá llenar.
Pero, ¿cuántos podemos decir que hemos sido criados en brazos? Y en cambio, ¿cuántos compradores/as compulsivos vagamos por el mundo?
Ni que decir sonre las adicciones, todas, tienen esta necesidad no cubierta como trasfondo.


En el segundo año de vida el niño tiene derecho a SENTIR. Necesita explorar, descubrir, experimentar por sí mismo ya que está desarrollando lo sensorial.
Por eso es muy importante dejarlo hacer, dejarlo sentir, que toque, que se lleve las cosas a la boca, que explore a su aire, sin sobreprotegerlo. Se trata de convertirnos en una mamá/papá observador.
Si lo sobreprotegemos, reprimimos su derecho natural a sentir, de adulto puede tener serios problemas de contacto en lo que se refiere a su sexualidad. Estará reprimido sexualmente, no habrá disfrute, llegando incluso a desarrollar trastornos sexuales.


El tercer año, el niño tiene derecho a HACER. Empieza a separarse emocionalmente de su mamá y a descubrir que es una persona independiente que puede hacer cosas, casi siempre querrá imitar lo que hacemos los adultos, querrá hacer las cosas solo, ayudar a mamá, cortar con el cuchillo,…
Es muy importante dejarle hacer. No importa si quiere llevar el plato de sopa hasta la mesa y seguro se le caerá, deja que lo haga, confía en él y díselo, dile: "Toma, sé que lo llevarás con cuidado, adelante, confío en que puedes hacerlo.
Si no le brindamos esta confianza, no podrá desarrollar su potencialidad, sus pulsiones, ese don que todos traemos al mundo y que si lo explotamos, nos dará la auténtica satisfacción o felicidad en nuestra vida.
En cambio, será un adulto lleno de miedos y límites, que probablemente se dedicará a otra cosa y no se atreverá a desarrollar lo que realmente siente ganas de hacer.
¡Ay! Cuántos casos de éstos hay por el mundo, personas que no nos atrevemos a hacer lo que en una parte profunda de nosotros mismos sentimos que queremos hacer, esta es probablemente la mayor represión de la sociedad de nuestro tiempo.


El cuarto año, el niño tiene derecho a AMAR y a SER AMADO. Es lo que podríamos definir como el derecho natural a dar y recibir.
Ya empieza a hacer las primeras amistades, a comprender los primeros vínculos reales. Ya puede ver al otro, y no sólo a él mismo, como hasta ahora, está superando esa fase egocéntrica tan característica de los primeros tres años y comienza a interactuar con el otro de verdad, entiende que en las relaciones hay un dar y un recibir.
En este momento necesita sentir muy especialmente (aunque en realidad esto debería ser una constante hasta la edad adulta) que recibe el amor incondicional por parte de sus padres.
Un niño no debe sentir nunca el rechazo de sus padres (o al menos de uno de los dos). Necesita saber que haga lo que haga, o diga lo que diga, su padre y su madre lo quieren, SIEMPRE y lo respetan.
Por eso si cuando tiene una rabieta, o hace algo mal hecho,( o lo que sea que pueda hacer un niño de cuatro años que nos moleste) le decimos cosas como "eres malo, ya no te quiero" o "si no haces esto mamá no te va a querer más" y un largo etcétera de barbaridades (he oído cosas mucho peores que me ponen los pelos de punta pero no las escribiré), la vivencia interna del niño será de desamparo, de abandono, de soledad emocional, no se sentirá comprendido, ni mucho menos querido.
Y por otra parte, cuántas mamás y papás hay que estamos agobiados con el día a día y no dedicamos a nuestros hijos quince minutos de presencia plena, de decir, estoy contigo al 100% de verdad (sin tener la cabeza en otro lado) y juego contigo, te abrazo, te mimo… Pues estos quince minutos (como mínimo), son la nutrición emocional que un niño necesita desesperadamente, así de sencillo.
Si no, ¿qué pasará de adulto? Como se pueden imaginar habrá problemas de vinculación, de repente se nos hará difícil tener una pareja estable, tendremos problemas para vincular con nuestros hijos, incluso con nosotros mismos y um largo etc… Y luego encima nos preguntaremos: ¿Por qué no soy capaz de construir una relación? ¿Por qué nunca me quedo satisfecho/a con esta persona si él/ella me quiere? ¿Por qué necesito más? ¿Por qué soy infiel?... En fin solo hay que echar un vistazo al mundo que nos rodea y sabrán bien de lo que hablo…


En el quinto año el niño tiene derecho a HABLAR y a COMUNICARSE.
La voz, lo que expresamos, nace en el cuello, y precisamente por eso decimos que el cuello es el puente entre el cuerpo y la mente.
En esta fase de su desarrollo el niño es pura expresión. Necesita decir las cosas. Si está enojado necesita gritar, porque existe una necesidad muy grande de expresar lo que siente en cada momento.
¿Qué pasará si reprimimos esta parte? Si le decimos continuamente que se calle, que no se queje, que obedezca, que no llore, que no grite, que no se enoje,… Lo que hacemos entonces es obligarlo a renunciar a su potencial, a su vitalidad, a su energía, a su forma de ver las cosas y es increíble pero muchos niños lo hacen, renuncian a esto, y ¿sabes por qué? Porque su necesidad de amor y aceptación por parte de sus padres (y de todos de los que dependen emocionalmente) es tan grande, que prefieren su propia muerte psicológica y emocional (suena fuerte, pero es real)
Entonces de adultos ¿qué pasará? No podremos expresar lo que sentimos, nos costará hablar de nosotros mismos, de nuestros sentimientos, de lo que queremos, incluso nos costará transmitir nuestras ideas.


En el sexto año el niño tiene derecho natural a VER.
Esto es a saber la verdad.
Debe ver el mundo tal cual es, necesita saber todo lo que pasa, no hay que mentirle, que vea todo cómo es, su complejidad y su belleza.
Sólo así se desarrollará una conciencia y una intuición muy poderosa cuando sea adulto, de lo contrario los encerramos en una burbuja de ilusión irreal, cargada además de desvitalización.Y cuando quieran salir el shock puede ser demasiado grande.


El séptimo año el niño tiene derecho a CONOCER. Es pura curiosidad y necesita explorar todas sus pulsiones naturales. Éste es un año mágico por varias cosas, pero entre ellas empieza a vislumbrarse cuál es su don, su potencialidad, lo que probablemente de adulto va a ser la fuente de su felicidad.
Los padres debemos estar muy atentos y conectados, puesto que las actividades que accione ahora, luego serán lo que le llene.
Si no, de adulto, solo habrá desconexión o como dice Leonardo Taub "inconsciencia pura".


Una sincronía interesante es la que se produce con otras teorías o prácticas, como la de los chakras y su alineación.



lunes, 26 de octubre de 2015

Estimulemos la creatividad de nuestros hijos

Es en los primeros siete años de nuestros hijos en donde tenemos las más grandes posibilidades para que la espontaneidad creativa de ellos se prolongue el mayor tiempo posible, hasta convertirse en una fuente rica de conocimientos activos, que será la base del desarrollo de su capacidad creadora.
El desarrollo de la creatividad, ayuda al niño a ampliar su conciencia y percepción, reteniendo lo que ve, oye y observa más fácilmente, lo que le ayudará sin duda a adquirir conocimientos de manera mas rápida y fluida.
Además si el desarrollo de la creatividad se lleva a cabo en un lugar que presente un ambiente grato y estimulante fomentaremos la motivación, la capacidad crítica, la curiosidad intelectual, un buen autoconcepto, una sana autoestima…etc

Para desarrollar la creatividad debemos:

Proporcionar a nuestros hijos materiales y recursos que potencien la imaginación y la fantasía.
Enseñar de manera no autoritaria.
Ser flexibles para aceptar y estimular las nuevas ideas de nuestros hijos.
Despertar la curiosidad y el afán de búsqueda.
Estimular los procesos intelectuales creativos introduciendo ejercicios de pensamiento creativo.
Crear entornos estimulantes.
Partir desde los intereses, experiencias y conocimientos de nuestros hijos.
Estimular y motivar a los niños para el juego ya que éste es el mejor recurso para desarrollar la creatividad espontánea.
Crear un ambiente lúdico, de confianza, colaboración y respeto.

ACTIVIDADES QUE AYUDAN A DESARROLLAR LA CREATIVIDAD INFANTIL

Para desarrollar la creatividad podemos proponer distintas actividades entre las que podemos realizar, se encuentran las siguientes:

– Inventar historias o finales para cuentos incompletos.
– Plantear soluciones a preguntas, por ejemplo:
1. ¿Qué pasaría si tuviéramos cuatro brazos?
2. ¿Qué actividades podríamos realizar en una fiesta?
3. ¿Qué pasaría si no existieran los colores?
– Inventar disparates, por ejemplo: "hoy he visto a una ballena caminando y a una mona buceando".
– Dar nuevos usos a un objeto, por ejemplo: una escoba puede ser un caballo, un lápiz puede ser un avión…etc.
– Crear un gesto para saludarnos.
– Escuchar música clásica y hacer un dibujo de lo que nos sugiere la melodía.

Y tantas otras...

En conclusión podemos decir que la creatividad es una característica inherente al ser humano, susceptible de ser estimulada por el entorno del niño. Nuestros hijos son niños deseosos de resolver los problemas por sí mismos, se enfrentan a situaciones nuevas y buscan soluciones. Además, en esta etapa, el niño se encuentra en un período crítico donde se produce el mayor desarrollo neuronal que puede tener el ser humano. Por ello, es muy importante que juguemos y aprendamos con nueatros hijos favoreciendo la creatividad durante sus primeros años de infancia.