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domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Hijos mandones?..

Desde hace algo más de una década comenzaron a surgir en diferentes ciudades del mundo niños que al parecer se erigen como los jefes indiscutidos de la familia. Son ellos quienes eligen qué se come, dónde se vacaciona, qué canal de televisión se ve, los horarios para dormir y otras actividades de la familia. Amenazan, pegan, agreden psicológicamente a sus padres y parecen no haber desarrollado la empatía, ni ser capaces de experimentar emociones morales como la compasión o la culpa.

Algunos ya lo ven como un fenómeno llamado “Síndrome del Emperador”, haciendo referencia a un tipo de vínculo entre niños y padres, en el cual los niños hacen de sus caprichos ley, y quien no obedezca paga las consecuencias con sus agresiones y tortuosos berrinches. Es una pauta interaccional donde los niños aprenden a controlar a los adultos, logrando que obedezcan y cumplan sus exigencias. Son fáciles de reconocer pues se caracterizan por ser egocéntricos y poseer muy baja tolerancia a la frustración (que, por cierto, no pasa inadvertida). No parecen haber aprendido a auto-controlarse o auto-regular sus emociones y saben a cabalidad los tiempos de los padres, a quienes fácilmente manipulan amenazándolos o esgrimiendo argumentos cambiantes.

Algunos investigadores destacan causas genéticas para este síndrome. Sin embargo, una postura menos reduccionista y más comprensiva de los cambios sociales actuales–a la cual adhiero- señala que esto se debe a modificaciones a nivel familiar y social, más precisamente, a adultos que no ponen límites en forma adecuada y ya  no por culpa de los niños sino por no saber distinguir entre autoridad y autoritarismo. Por ejemplo, hoy todos somos testigos de que muchos padres no tienen el tiempo ni la firmeza necesarios para educar y poner límites a sus hijos. Las exigencias económicas los obligan a ausentarse de sus hogares, generando en ellos hábitos culpógenos tendientes a ceder y sobreproteger a sus hijos, consintiéndolos en todo cuanto puedan de manera económica, material o permisiva. Por otro lado, se puede observar una carencia de hábitos familiares afectivos: las pantallas se han interpuesto haciendo que se pierda el contacto corporal propio de actividades como jugar y divertirse con  los hijos, o la vieja costumbre de hacerles dormir con un cuento antes de arroparlos y darles su beso de buenas noches.

A nivel social, en general, se abriga una actitud permisiva que fomenta esta actitud  infantil y quizás sea por miedo al autoritarismo padecido por muchos adultos que algunos buenos y amorosos padres no nos permitimos ejercer la autoridad, que es muy distinta  al autoritarismo, la autoridad es sana y necesaria para el adecuado crecimiento de nuestros hijos y es en sus primeros años en donde debemos ejercerla luego será parte de la relación, luego padres e hijos ejercen autoridad o autocontrol sobre sus vidas, la autoridad en los primeros años permite a nuestros hijos tener standares claros y límites establecidos en base al respeto que se les ha entregado y es eso lo que recibimos de regreso en esos "difíciles años" que parten a los ocho y terminan... Muchas veces no terminan bien.
Por otro lado, la televisión institucionaliza una sociedad de consumo que  legitima valores hedonistas y exigencias de “pasarla bien” y hacer lo que deseemos en todo momento sin que nada ni nadie (y mucho menos obligaciones de ningún tipo) se interpongan con nuestra voluntad y a veces esto se ve incluso fomentado en el hogar por padres que hacen todo por sus hijos sin dejarles ayudar o darles responsabilidades "porque son niños". Asi solo se ponderan exigencias adquisitivas y privilegios excesivos, sin considerar responsabilidades ni valorizar el compromiso con metas que requieran un esfuerzo.

Padres dudosos les enseñan a sus hijos ,erróneamente, que todos los límites son negociables, permitiéndoles “muñequear” en todo, mediante berrinches, agresiones físicas o la infalible artillería pesada de los “ábrete sésamos” que declaran a viva voz que sus padres NO son buenos o amenazan con dejar de amarlos. Como si fuese poco, estos padres creen erróneamente que incluyendo a sus hijos en el sistema escolar "alguien más" tiene la responsabilidad de educar a sus hijos, que, por cierto, creen que eso implica poner límites pero sin poder recriminarle a los pequeños pues una clase de "autoridad" que en el colegio o la escuela no deben ejercer.

Cuando estos niños alcanzan la adolescencia consideran descabellado obedecer o respetar a sus padres y maestros, y entienden que lo lógico es que les obedezcan a ellos. Así  llegan incluso a agredir físicamente a sus padres. En efecto, son numerosas las denuncias en comisarías por ataques de este tipo. Las estadísticas demuestran que son las madres las principales víctimas de este síndrome, que se da mayoritariamente en familias uniparentales.

Tanto desde la ingeniería como desde la psicología sabemos bien que el secreto está en invertir en buenos cimientos. Para tener niños, adolescentes y adultos sanos debemos comenzar justo ahí, en las bases, en la primera infancia. Aunque pueda parecer difícil, es más simple y “económico” comenzar dando amor, poniendo límites firmes, permitiendo que tengan pequeñas frustraciones para que aprendan a tolerarlas, enseñándoles a comprometerse y esforzarse en pos de sus metas, acompañándolos en sus emociones,enseñándoles a reconocerlas y por sobre todo enseñándoles que las relaciones se basan en respeto… Los beneficios de los esfuerzos invertidos en esta etapa se cosecharán más tarde en la vida y serán  sin lugar a dudas muy buenos.

Karla Piccardo
Mamá homeschooler

jueves, 15 de octubre de 2015

La autoestima de nuestros hijos y la importancia de ser honestos

Siempre escucho y leo a los expertos decir lo muy. Importante que es alentar y alabar a nuestros hijos, reforzarles constantemente lo buenos, inteligentes, guapos, vamos todas las virtudes del mundo y si, es muy bueno alentar a nuestros hijos, pero como en todo están los que exageran y hacen de algo sencillo algo complejo.
A ver... Vamos por partes...
Lo más importante que podemos hacer a la hora de educar a nuestros hijos es ser honestos y al decir que debemos ser honestos me refiero a la honestidad con cariño, hace años yo tenía una amiga a la que su mamá siempre le decía "Carolina, tu no eres linda, eres simpática por eso la gente te encuentra linda, pero tu punto fuerte es la simpatía" Vamos una madre honesta pero no de una manera amorosa, la verdad es que la madre de mi amiga bien podría haber alabado sólo la simpatía de su hija, sin atacar su belleza exterior, pero vamos ninguno nace sabiendo y menos los padres que para equivocarnos tenemos años...
Los niños creen todo lo que papá y mamá decimos y están segurisimos de que siempre decimos la verdad y he ahí la importancia de hacerlo, de ser honestos en nuestros alagos. Los niños pasan por varios períodos emocionales , físicos y psicológicos y uno de ellos quizás el más fuerte es la crisis de personalidad que sufren al rededor de los ocho años, a esa edad nuestros hijos empiezan a ver el mundo con sus ojos y a poner en duda y querer confirmar todo lo que de Mamá y Papá han aprendido y allí ellos son muy críticos y severos en sus juicios. Así pues si un chico al que siempre le hemos dicho "que bueno eres dibujando" cuándo en realidad no es ningún gran artista, pues a los s ocho años mirará sus dibujos los comparará y se dará cuenta que tal vez no era tan bueno... Y adivinen qué, descubrirá además que no puede confiar en nosotros porque le hemos mentido, se acercará tranquilo dibujara sin mucha gana y nos dirá " dime como quedó el dibujo" y comprobará sus temores ...

Es por eso que a los hijos se les habla con sinceridad y punto redondo, si es inteligente, basta por saber en qué es inteligente y alabar esas habilidades, que si el chico es un balazo en ciencias pero no da en arte se fustra y luego a los 8 años cuando comienza a cuestionar la autoridad y lo conocido pues dice "me mintieron" si tu hija es buena en mates pero no le pegan las letras pues lo mismo.... A los hijos la verdad... "Eres muy buena en mates" " que agilidad para los deportes" " que bien dibujas"  la verdad nunca exagera, no dice menos y nos ayuda a ser confiables ante sus ojos...
Y ser personas confiables y creíbles para nuestros hijos es muy importante, porque cuando no sepan a quién recurrir, cuando estén confundidos buscaran o les daremos nuestra opinión y consejo y ellos necesitan saber que nos pueden creer.

Es que es tan distinto apoyar y dar valor a sus cualidades que alabar de manera artificial que eso también merma su autoestima y de una manera mucho más dolorosa pues somos sus referentes de honestidad y si vivimos diciéndoles que tienen cualidades que no tienen realmente, pues fallamos, es mejor y más sano alabar las habilidades y cualidades que si tienen y alabar el esfuerzo, el tezon y la persistencia en desarrollar las  habilidades que no poseen pero si cultivan...
Alabemos a nuestros hijos, amemosles e instemoslos a seguir siempre pero hagamoslo de manera honesta y amorosa.

Mamá Homeschooler
Karla Piccardo.

martes, 11 de agosto de 2015

El "golpe a tiempo"

Cuando leo o escucho defensas férreas y exaltadas de cientos de adultos a favor del "golpe a tiempo", del maltrato a los niños, de la violencia contra pequeños indefensos, justificándo la violencia, la sumisión, la coacción, estas personas que defienden el "palmazo" "coscorrón" "cachete", contra viento y marea, se basan en planteamientos erróneos cuyas raíces suelen estar en sus propias infancias en las que ellos mismos fueron adoctrinados a través de golpes, la violencia y la sumisión al más fuerte.
Al parecer, acabaron convirtiéndose en niños buenos y obedientes, tan buenos y tan obedientes, que aún hoy en día, ya adultos, son incapaces de enfrentarse al horror que supone el violentar a cualquier persona, el someterla, a cualquier precio, para que obedezcan cualquier orden, incluso las más absurdas o arbitrarias

A mi me nacen preguntas, como ¿Por qué nuestros hijos tienen que ser buenos? ¿Qué significa ser buenos? ¿Sumisos? ¿Por qué tienen que obedecernos ciegamente en todo?
¿Por qué nos incomoda que nuestros hijos manifiesten sus propias ideas y se opongan a lo que les ordenamos?
¿Por qué pensamos que para criar tenemos que ordenar, mandar, coaccionar, coartar, manipular y gritar?
¿Por qué nuestros hijos tienen que permanecer callados, quietos, silenciosos cuando nosotros decidimos que "nos molestan"? ¿Por qué ese sentimiento de "molestia"?
¿Por qué pensamos que lo que nosotros les ordenamos que hagan es siempre la opción más válida?
¿De qué manera esperamos que nuestros adolescentes hijos no sucumban a la gran masa y actuen porque "todos lo hacen"? ¿Cómo esperamos que sean capaces de defenderse y defender su punto de vista u opinion si constantemente los invalidamos?
¿Qué pensaríamos si ya adultos nuestros hijos e hijas siguieran ciegamente las órdenes de líderes que les alentaran a ejercer violencia y a someterse contra su voluntad?

Por mi parte, lo tengo claro, a nuestros hijos no les pegamos, no usamos ni premios, ni castigos por el contrario dialogamos, empatizamos, intentamos ser comprensivos, respetar sus ritmos, cuidamos de que nuestros hijos no se hagan daño, fomentamos la empatía y el respeto hacia todos, también el de ellos hacia nosotros. Por supuesto, no somos perfectos, cometemos errores, tenemos malos momentos, incluso semanas complicadas, pero el Amor, el cariño y el Respeto nos ayudan a superar los obstáculos, también los peores.

¿Por qué hemos rechazado la crianza tradicional basada en la obediencia ciega, la sumisión y las bondades del "golpe a tiempo"?

Eso es fácil, lo hacemos porque No queremos que nuestros hijos sean obedientes.
No queremos que nuestros hijos sean sumisos.
Queremos que nuestros hijos sepan pensar, sepan comunicar sus deseos, sus sentimientos, sus necesidades, sepan decidir por ellos mismos y no teman decir que no.
Deseamos que nuestros hijos sean y que se sientan libres de manifestar su disconformidad, aunque eso implique que no siempre estemos de acuerdo con ellos, porque eso también implica, que se sienten seguros de sí mismos y dignos de Ser Respetados y de Respetar.
Queremos que nuestros hijos sean ellos mismos y no teman ser distintos o pensar diferente.
Esperamos y queremos que nuestros hijos sepan rebelarse y protestar ante las injusticias, las desigualdades, los abusos de poder, las manipulaciones varias.
Que nuestros hijos sigan su propio camino, vayan a la búsqueda de sus sueños y no de los nuestros.
Deseamos que nuestros hijos sean adultos sanos, equilibrados y Libres.

Pero tal vez más básico que todo eso que queremos que aprendan, desarrollen y ejerzan es el simple hecho de que los amamos con todas nuestras fuerzas y uno no maltrata ni daña a las personas que ama, simplemente no se hace.

lunes, 27 de julio de 2015

Cinco importantes cosas que aprenden los niños que jamás son golpeados

Cinco cosas que tu hijo aprende si no le pegas jamás
y son tan importantes para su vida que siempre te estará agradecido.

1- Nadie tiene derecho a pegarle, ni a agredir su cuerpo. Su cuerpo es un bien preciado que merece ser tratado con respeto SIEMPRE. Haya hecho lo que haya hecho, haga lo que haga, ningún otro niño, ningún otro adulto (familiar, profesor, entrenador, etc), ninguna pareja en el futuro puede dañarle físicamente. Le estás protegiendo de ser víctima de violencia familiar, bulling escolar, abusos sexuales, violencia machista o de género, etc.

2- No tenemos derecho a pegar o agredir a nadie, todos los cuerpos de los demás son dignos de respeto. Da igual si es alguien de la misma edad o sexo, si es menor o mayor. Da igual si es una persona o un animal. Le estás enseñando a canalizar su rabia de otra manera. Le estás protegiendo de convertirse en abusón en la escuela, maltratador en la pareja, abusador sexual, violento, etc.

3- Cuando alguien te quiere no te agrede ni te pega jamás. Le estás enseñando a ser él mismo y a comportarse sin necesidad de agradar a los demás. Le estás enseñando a elegir bien a la gente de la que roderase en la vida: amigos, parejas, compañeros de clase/trabajo, etc. Gente que le quiera y le acepte como es, que le acompañe desde el respeto. Le estás enseñando a ser autónomo y a poner límites.

4- Hay maneras más creativas, positivas y asertivas de "resolver" o acompañar conflictos que la violencia física. Los conflictos y las diferencias con otras personas existen y son parte del crecimiento en la vida. La palabra, la empatía y la reflexión son excelentes mediadoras, el trabajo interior de cada uno/a es imprescindible. Los golpes no educan, no pueden justificarse jamás, pedagógicamente son contraproducentes. No son inocuos porque dejan una fuerte secuela emocional, Son un reflejo de la jerarquía y la desigualdad, alimentan en los niños el temor y la sumisión. Es imprescindible educar desde la no-violencia.

5- Su cuerpo es valioso y que él o ella es el principal responsable de cuidarlo y de protegerlo. Mientras crece su padre y su madre están ahí para hacerlo juntos. Le estás enseñando que la "familia" es un equipo, que en casa no se compite, sino que se coopera, que nadie es mejor que nadie y todos aprendemos unos de otros. Le estás protegiendo de conductas autodestructivas en el futuro. Le estás enseñando a cuidarse y a poner límites a cosas, personas o situaciones que le puedan dañar. Le estás enseñando a no ir por la vida compitiendo y sacando los dientes sino cooperando. Le estás haciendo un gran favor.

La violencia se aprende en casa, la paz y la concordia también. Saber que tus padres no te pegaron, que te respetaron en tu infancia y buscaron mil maneras creativas y asertivas de acompañar los conflictos es un regalo que todo niño merece tener. Aceptar que algunas infancias no fueron idílicas es la única manera de dejar de repetir patrones dañinos y crecer como individuos y como sociedad.
Ya va siendo hora."

Myriam Moya Tena.