viernes, 9 de octubre de 2015

CÓMO EVOLUCIONA EL USO Y EL SIGNIFICADO DEL COLOR EN LAS DIVERSAS ETAPAS DEL DIBUJO INFANTIL

La evolución del dibujo infantil pasa por diversas fases en las que se produce una evolución tanto de los trazos de los niños sobre la superficie a pintar, como de otros factores.
Aquí les hablaré de la evolución que sufre el uso del color en los dibujos infantiles y del significado que esto tiene.

La etapa del garabateo (2-4 años)

La experiencia de garabateo es principalmente una experiencia motriz. El color por consiguiente desempeña un papel decididamente secundario en toda la etapa del garabateo. En efecto, algunas veces la elección del color puede apartar al niño de su intención de garabatear y concentrarla en la actividad de jugar con los colores, es muy importante que el niño sea capaz de distinguir sus trazos del resto de la página, por lo tanto es indispensable que haya un decidido contraste entre los materiales de dibujo elegidos: lápiz, rotuladores, etc., preferentemente de color negro sobre superficies blancas.
Sólo cuando el niño entra en la etapa de dar nombre a sus garabatos, desea realmente emplear diferentes colores para distintos significados, una de las primeras etapas en el proceso de la percepción del color, es simplemente la de distinguir entre colores diferentes, esto de ninguna manera significa que el niño esté en condiciones de nombrar los colores, sino que en esta etapa, el niño debe tener la oportunidad de poder realizar cierta elección en el color.

La etapa preesquemática (4-7 años)

Durante la etapa de los primeros ensayos de representación, se despierta más interés y entusiasmo a través de la relación entre el dibujo y el objeto, que entre el color y el objeto. Por esto, en los niños de esta edad, hay normalmente poca relación entre el color elegido y el objeto representado, así, un hombre puede ser rojo, azul o verde, dependiendo como hayan impresionado los colores el niño, esto es particularmente exacto cuando la pintura empleada le permite usar colores vivos y aplicarlos con fluidez. Es evidente que si se le critica a un niño el uso del color o se le indica cuál es el correcto para tal o cual dibujo, se estará interfiriendo con su expresión, por esto debemos otorgarle una amplia oportunidad para que descubra sus propias relaciones con el color, ya que sólo a través de una continua experimentación establecerá una correspondencia entre sus propias relaciones afectivas frente al color y la organización armónica de éste en su dibujo.

La etapa esquemática (7-9 años)

En esta etapa, el niño descubre también que hay una relación entre el color y el objeto, no es una relación casual o de tipo afectivo la que determina el color que va a emplear en sus dibujos o representaciones espaciales, así como repite una y otra vez su esquema de un hombre o del espacio, también repite los mismos colores para los mismos objetos. El establecimiento de un color definido para un objeto y su constante repetición es un reflejo directo del desarrollo progresivo del proceso intelectual del niño, en este momento, el niño ha comenzado ha desarrollar la capacidad de categorizar, de agrupar cosas en clases y de hacer generalizaciones.
Aunque hay colores comunes usados por la mayoría de los niños para determinados objetos, cada niño desarrolla sus propias relaciones de color, el origen de esquemas de colore individuales puede encontrarse en un concepto visual o emocional del color, si las primeras impresiones del niño respecto de un terreno, se han relacionado con el barro y por continuas repeticiones se ha afirmado en esta experiencia, en adelante, todo terreno será marrón, independientemente de que tenga césped o no. Este esquema de color establecido no cambiará, a menos que el niño se vea envuelto en alguna experiencia en la cual adquiera importancia un cambio de color. Por consiguiente, los cambios producidos en estos conceptos de espacio, forma o color nos permitirá ahondar en el significado de las experiencias del niño.

Comienzo del realismo (9-12 años)

Existe coherencia en la forma en que los niños cambian su expresión, el niño va de una rápida relación color-objeto, hasta una caracterización del color, en esa etapa distingue entre un matiz rojo violáceo y otro anaranjado, pero este mayor conocimiento del color, no puede considerarse una verdadera percepción visual, ya que ni aplica los efectos que la luz ejerce sobre el color, como son las modificaciones de los matices debidas a la luz y las sombras, o a la influencia de la atmósfera como factor determinante de un perspectiva aérea.
Cuanto más fina sea la relación que el niño establezca entre el color y el objeto, más implicados deben sentirse los educadores para motivar ese naciente sentido realista de los colores, explicándole como debe aplicarlos, puesto que el niño, ahora es capaz de desarrollar una mayor sensibilidad hacia las diferencias y semejanzas; por cierto, que conviene alentar sus entusiasmadas exploraciones del color con las hojas caídas de los árboles, o las fantásticas e irrepetibles modificaciones de colores que puede presentar el cielo en el transcurso del día.
Cualquier conversación sobre el color, deberá pues, centrarse sobre todo en la experiencia y no en el uso “apropiado” del color en un dibujo.